Adan de Abajo

Desde la antiguedad los alquimistas intuían la presencia del OTRO YO, nombrándolo Adán de Abajo. El psicoanálisis más tarde lo bautizaría como Inconsciente.
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miércoles, 7 de marzo de 2012

LA MUERTE DEL OBSERVADOR

JIDDU KRISHNAMURTI

Han de crear ese orden en sí mismos.
es lo primero que deben comprender,
que no pueden pedirle nada al otro,
excepto la comida y el techo.
no pueden pedirlo ni esperarlo de nadie,
ni de sus dioses, ni de sus gurús.
 Nadie puede darles libertad y orden.
Así es que deben descubrir cómo producir ese orden dentro de ustedes.

(JIDDU KRISHNAMURTI –La Educación)

1
Casi siempre sus escuchas y seguidores eran extranjeros, más que nada de origen europeo o norteamericano, los menos consistían en orientales de castas elevadas y clase social alta. Principalmente indios, nepalíes, chinos y sirios provenientes de familias acomodadas.
Ese verano lo pasó en el norte de la India, en un valle empobrecido donde se elevaban penosamente una serie de chozas de campesinos demasiado humildes: criadores de búfalos, cultivadores de arroz e índigo.
A pesar de su austeridad y de lo famélico de sus habitantes, la belleza de los bosques y campos en derredor era fastuosa.
En el centro del valle, al pie de unas montañas bellísimas, se erigía una escuela para niños y adolescentes sustentada por una fundación que llevaba su nombre. Tal como él lo señalara al inicio de sus charlas ese día, hace más de cincuenta años que  visitaba aquel lugar, desde mucho antes de convertirse en un popular orador de  nivel mundial, guía espiritual y maestro. Cuando era apenas un pre-púber  de clase baja que jugaba en las playas y bosques de la India sin preocuparse por nada. Poco antes que los miembros europeos de la Sociedad Teosófica lo encontraran vagando en la costa y creyeran ver en su presencia infantil, la reencarnación del nuevo mesías.
 No pasaría mucho antes de que los decepcionara, disolviendo aquella pretensiosa sociedad, donando sus cuentas bancarias a las familias más necesitadas de India y dedicándose para siempre a la reflexión independiente y a la prédica por completo libre de todo credo, iglesia o institución. Decisión que lo convertiría en uno de los personajes a la vez más peligrosos e influyentes del siglo XX. Como él mismo lo señalara: no existe peor enemigo del sistema que aquel que no necesita del propio sistema: quien ha conquistado su libertad interior.
Pero hoy su público constaba principalmente de niños indios, tibetanos y nepalíes, algunos que otros occidentales, asistentes diarios de la escuela fundada bajo su nombre y enseñanzas.
Causaba un fuerte contraste contemplar a los estudiantes bien alimentados y de buen color, aunque también indios en su mayoría, quienes contaban con el privilegio de recibir una buena educación inspirada en la filosofía de vida del maestro que hoy les hablaba, además de sus infaltables tres comidas. En comparación con los escuálidos campesinos, quienes se afanaban desesperados por conseguir el sustento diario para su familia.
Aquella escuela en el Norte de la India estaba financiada con presupuesto de la ONU y de diversas organizaciones europeas sin fines de lucro. Krishnamurti viajaba periódicamente desde su casa en el Desierto de Mojave, en los Estados Unidos, hasta su natal India para dictar conferencias regulares a estudiantes y docentes. Cerciorándose  que en verdad se alentara en aquella institución, no sólo el desarrollo del intelecto, sino el de un espíritu sano, criado en la tolerancia, la sencillez y la pureza interior.
2
Aquella mañana uno de los más jóvenes asistentes lo increpó, sin ningún temor, con una sola pregunta de lo más directa:
“¿Porqué queremos vivir…?”
Su interlocutor tenía apenas seis años.
El resto de los estudiantes y docentes estallaron en risas, mofándose de la candidez del chico, pero molestando sobremanera al maestro con sus burlas.
Este tipo de preguntas que no buscaban darle vuelta al asunto principal y que no se perdían en laberintos ni pretendían ensalzar un ego falso, carentes de toda malicia y presunción, eran las que más gustaban a Krishnamurti. Por ello confrontó al resto de su público, rescatando y valorando en justa medida la intervención del niño.
Le dolía muchísimo que un niño tan pequeño, casi un bebé, se preguntara la razón por la que los hombres quieren vivir. Si alguien hacía esa pregunta, señaló Krishnamurti a sus numerosos escuchas, sobre todo de acuerdo a su corta edad, era porque ya desde entonces le parecía que la sociedad mostraba a sus miembros más jóvenes sus lados más bestiales y monstruosos. Que un niño tan pequeño percibiera el sinsentido de la vida era una cuestión grave, de suma preocupación.
Otros niños lanzaron entonces nuevas preguntas:
“¿Cómo puede acabarse con la violencia, la guerra y los males del mundo…?”
Pregunto ahora otro, unos dos años mayor que el primero.
“Debe eliminar la violencia y el mal que hay en usted mismo. Uno no puede arreglar el mundo ni a los otros si no se ha vuelto él mismo un ser realmente pacífico en primer lugar…”
Respondió Krishnamurti.
Ahí estaba gran parte del núcleo de sus enseñanzas. No era posible buscar ningún cambio en lo exterior, ni político, ni religioso, ni revolución social alguna,  mientras no se procurara un cambio interior primero. Es lo más fácil voltear hacia los males externos, los errores de la sociedad y de los otros. Señalar las desviaciones y vicios de los demás. Lo más arduo y difícil es acceder hacia el interior de uno mismo y erigir un orden interno. Percatándose de las propias bajezas, asumiendo las contradicciones con el corazón. Empero, sin esta calma y paz personales previas, no es posible pensar si quiera en un mundo distinto.
Sin la revolución interior, todos los cambios y movimientos sociales estarían destinados a fracasar o convertirse en potencialmente más nocivos que los regímenes u órdenes viejos a los cuales pretendían desbancar para imponerse.
3
Krishnamurti recomendaba en primer lugar ser capaz de borrar al Yo, al Observador incesante del Ego, que lo analiza, reflexiona y categoriza todo de manera sistemática. ¿Es posible eliminar al Observador imparable que vive dentro de nosotros? Se pregunta el maestro indio.
Cuando somos capaces de perdernos y dejarnos absorber por nuestras actividades más sencillas y vivificantes: descansar en un jardín, contemplar la tarde, escribir, cantar, dibujar, acariciar a otro ser: sea animal o humano. Sin estar más que simplemente realizándolas, olvidándose del Ego analítico, del Observador, fusionándose sencillamente con las cosas del mundo, sus sucesos y fenómenos. Entonces se capta algo fundamental de la existencia: la no diferencia entre nosotros y el mundo.  Entonces se está bastante cerca de experimentar aquello que se conoce como la verdad, dios o lo que sea que está más allá de lo personal.
4
Cuando llegó la tarde, a la hora de comer, el maestro se sintió algo acongojado y triste. Pensó en todos aquellos jóvenes, niños y entusiastas profesores antes de despedirse y mirarlos por última vez ese día. ¿Cuántos de ellos no perderían su ánimo y vitalidad en breve tiempo, cuántos no eran ya ancianos por dentro, a pesar de contar apenas con poca edad, debido a la ambición de éxito, a la búsqueda de reconocimiento y ascenso social, a la cual contribuían los sistemas educativos tradicionales con su adoctrinamiento?
Alguien le hizo una última pregunta, muy certera y precisa, bastante ad hoc con sus últimas y silenciosas reflexiones. Era una niña:
“ ¿Porqué tememos la muerte…?”
“Tememos a la muerte física, porque en el fondo nos aterra la muerte del Ego, que es el fin del dejar de pensar. Si pudiésemos silenciar al observador o al Ego, no temeríamos la muerte, porque conoceríamos desde antes la eternidad… Veríamos que la muerte no existe…”
Respondió el maestro, sereno.
Al finalizar la última sesión de preguntas, los chicos corrieron porque era la hora de la comida. Olvidándose de sus enseñanzas por el momento.
Krishnamurti contempló las montañas y los bosques que rodeaban la escuela. Un silencio sin nombre lo regocijó, siendo su principal alimento de aquel día.


domingo, 3 de julio de 2011

EDGAR MORIN: LA ÉTICA DEL DIABLO

http://www.lasnieblasdeavalon2.blogspot.com/



El hombre se ha convertido en el sojuzgador global de la biósfera,
Pero por ello mismo se ha sojuzgado en ella.

EGAR MORIN –El Método II: La Vida de la Vida


Sé ahora que es preciso pensar
con y contra la Contradicción.

EDGAR MORIN –Mis Demonios


Entrevemos aquí que la muerte es mucho más que la muerte
ya que no sólo es desorganizadora destructora,
sino también nutritiva, regeneradora, y en fin reguladora.

EDGAR MORIN –El Método II: La Vida de la vida.


Corriendo felices o arrastrándonos desdichados
por la larga y tortuosa calle de nuestra vida,
pasamos junto a vallas, vallas y más vallas de madera podrida,
tapias de arcilla, cercas de ladrillo, de hormigón, de hierro.
No nos paramos a pensar qué podría haber detrás de ellas.
No intentamos elevar la mirada ni el pensamiento
por encima de las mismas, pese a que, precisamente allí
empieza el país del Gulag, tan cerquita, a dos metros de nosotros.

ALEXANDER SOLJENITSIN –Archipiélago Gulag.


1. El Demonio del Demonio
La matrona lo guió a través de un atestado pasillo, oloroso a humedad y al tufo infesto y oxidado de las botas lodosas y gastadas de los comensales. El muchacho temblaba de miedo, tenía 21 años y era la primera vez que estaría con una mujer.
Dentro, se apretujaban los miembros alemanes del ejército de ocupación, espías germanos fieles a Hitler, filas de las SS en descanso que no dejaban de parar oreja y afinar el ojo para detectar sospechosos. ¿Pero quién no resultaría verdaderamente sospechoso en aquel lugar? Por eso los nazis preferían concentrarse en sus bebidas y en los objetivos de todos aquellos asistentes: las chicas.
En el prostíbulo se desdibujaban por instantes las diferencias raciales, nacionales, étnicas, culturales. Todos querían lo mismo y se encontraban poseídos por similar demonio femenino.
De cualquier manera no dejaba de estar presente la posibilidad de que alguien fuese reconocido como judío, gitano, comunista, anarquista o miembro de la Resistencia Francesa y detenido al instante por las fuerzas invasoras.
Del mismo modo, se encontraban en el lugar lujuriosos ciudadanos franceses comunes y corrientes: gentiles, quienes no podían dejar de frecuentar las casas de citas parisinas pese a la ocupación y la guerra. Judíos evadidos y disfrazados, igualmente adictos a las putillas, a quienes no importaba arriesgar el pellejo con tal de aspirar, aunque sea por última vez, antes de abandonar Paris o de resultar apresados por los invasores, el aroma ocre, a perfume barato y a sexo no siempre higiénico pero igualmente enloquecedor de las prostitutas.
Subieron las escaleras y accedieron a una pequeña sala del segundo piso donde se encontraba la “mercancía”. Un ascenso en las entrañas del infierno. Sobre los sofás, apenas cinco muchachas para brindar satisfacción a un ejército multirracial de más de cincuenta clientes, forzados durante sus campañas a la abstinencia temporal; un batallón desesperado y ganoso, con los testículos repletos hasta el límite de su contenido seminal, causándoles punzadas y un irrefrenable deseo de evacuarlos a toda costa al interior de las entrañas de alguna hermosa sexoservidora. Para eso estaban ellas.
Una muchacha podía complacer ella sola a más de veinte hombres de un jalón en una única jornada de trabajo de ocho horas. Y algunas veces el trabajo era excesivo, como en estos días de guerra.
El chico eligió a una pirujita muy joven, mitad francesa y mitad eslava, probable descendiente de inmigrantes ilegales. Sus rasgos faciales le resultaban un tanto toscos, tenía cicatrices de picaduras de viruela en la frente y las mejillas; los senos chiquitos y puntiagudos. Pero poseía una silueta delicada, esbelta y aparentaba intimidarse frente a sus clientes. Esto fue lo que mayormente atrajo al joven Edgar Morin.
La muchacha lo guió hasta una pequeña habitación y comenzó a desnudarse. Sin la ropa, sus senos resultaban aún más diminutos de lo que les ayudaba a disimular el sostén. El cabello corto y las caderas estrechas de la joven le hicieron sentir que se encontraba a punto de acostarse con un chico. Empero, las maneras morosas de su trato, su discreción y timidez, una voz susurrante y una frente amplia, anuncio de una inteligencia penetrante y unos ojos inmensos y color ámbar, sumamente vivaces, terminaron convenciéndolo.
Acercó su rostro al cuello de la prostituta, nada más aspiro el perfume nácar de su piel y su miembro comenzó a palpitar. La chica hizo que se tendiera sobre un camastro que rechinaba con su peso.
De pronto, al otro lado de la habitación se escucharon las voces en alemán de unos SS. Morin no entendía su lengua, pero el tono agresivo con que bromeaban y vociferan ebrios lo amedrentó, haciendo que su pene se inhibiera, poco antes que la muchacha se montara sobre él, impidiéndoles la copulación. El joven antropólogo se percató repentinamente que había sido circuncidado cuando niño. Su adscripción a la cultura judía jamás le había pasado por la mente, nunca asistió a sinagoga alguna ni leyó jamás las Sagradas Escrituras; su padre, aunque de origen también judío, siempre fue laico y ateo. En lugar de la Tora o la Cábala, le transmitió antiguas  y populares canciones españolas, francesas y portuguesas que le silbaba todas las mañanas.
El pene se le disminuyó de miedo junto con la bolsa arrugada de su escroto, hasta convertirse todo en una tímida y diminuta ciruela pasa asustadiza. Si los nazis se daban cuenta que un joven circuncidado se encontraba dentro fornicando con una prostituta mitad francesa y mitad gitana, seguro los apresarían a ambos y los enviarían directo a los campos de concentración.
Los gritos de los nazis se escucharon algunos minutos más y luego desaparecieron por las escaleras. Probablemente bromeaban y regateaban el precio de sus servicios con las mujeres, no llegando a convencerlas.
La gitanita, percatándose de lo que ocurría con el muchacho, se inclinó sobre su entrepierna, aún recostado su cuerpo entero sobre aquel catre. Susurró dos frases en algún dialecto húngaro o serbio croata que el antropólogo desconocía, y comenzó a lamerle su miembro y los testículos con cuidado, hasta devolverles de nueva cuenta la vida.  El fuego alimento su ingle hasta erguir su miembro a su máxima capacidad.
Excitada también, la chica se precipitó a cabalgar al antropólogo inexperto, quedando penetrada por él de un sentón y depositándole un besito tímido en los labios anhelantes.
2. La Vida de la Muerte
Años después, el antropólogo recordaría casi a diario aquella experiencia en el prostíbulo.
Aunque no era antropólogo con formación oficial o institucional. No habiendo asistido por decisión propia jamás a la universidad, abrevó de todas las bibliotecas francesas que pudo. Primero literatura: leyó una inmensa cantidad de novelas durante su infancia y adolescencia, al mismo tiempo que asistía a diario al cine. Otra de sus grandes pasiones. El séptimo arte y la novela serían acompañantes imprescindibles suyas por siempre.
Durante la ocupación alemana se sensibilizó políticamente, lo que le hizo iniciarse en el marxismo, la sociología y la antropología. Desde entonces se constituiría en un científico social inclasificable, híbrido y autodidacta. Externo y ajeno a cualquier institución universitaria.
Construiría una dialéctica personal en su teoría y en los libros que iría escribiendo poco a poco a lo largo de toda su vida. La muerte no era el fin ni la culminación de nada, sino un comienzo que brindaba la posibilidad de la regeneración, la reinvención y un nuevo nacimiento para la vida.
Debido a su dialéctica, sería perseguido y proscrito durante casi toda su existencia. Acusado de hereje, de ecléctico y caprichoso librepensador quien doblegaba los dogmatismos. Si durante la guerra se hizo comunista y miembro de la Resistencia Francesa, primerio sería vilipendiado y repudiado por los estalinistas. Los textos de Alexander Soljenitsin lo harían tomar consciencia de los horrores soviéticos y comunistas, los gulags y las limpiezas étnicas ordenadas alegremente por papá Stalin. Algunos años más tarde calificaría de pesadilla, a la revolución cubana. Por eso renunciaría a su comunismo, no conservando de él más que el humanismo y el criticismo de Marx y de un Hegel de izquierda, por cierto olvidados por los estalinistas.
Luego de la liberación de Francia, sentiría asco ante los miembros de la resistencia, quienes con el mismo odio que fueran perseguidos durante el nazismo, ahora atacarían hasta la muerte no sólo a todo lo nazi, sino a todo lo alemán y a cualquier sospechoso de colaboracionismo.
Según él, su propia Crítica lo acercaría más a Jesús, a Sócrates, a Spinoza y a Buda que a cualquier ideólogo moderno, de izquierdas o derechas. Su ética y su método de análisis lo colocarían por encima de cualquier extremismo de uno u otro lado de las ideologías. De ahí que poco a poco se fuese engendrando en él su pensamiento complejo.
Según Morin, debía desarrollarse una ética de la comprensión del otro, una conciencia que unificara las demandas biológicas, antropológicas, psicológicas y culturales del hombre. Un pensamiento que más bien buscara comprender, entender  y perdonar al otro a partir de sus diferencias y su otredad. De aquí que poco a poco se fuese gestando también su ética planetaria.
Por ello mismo, años más tarde repudiaría la fusión pueblo-estado-religión de Israel. En el momento en que una religión se perdiera, entremezclada  burda y perversamente con la identidad de un país y con su gobierno, nos encontraríamos ante la fanática peligrosidad de una de las potencias más bélicas y autoritarias. Lo mismo ocurriría con algunos países de Medio Oriente, incluso con algunas tendencias Norteamericanas y tristemente, con muchos otros sitios del mundo también. Pensamos sin evitarlo al leer a Morin, en el caso de México, donde algunos líderes creen hablar de una religión única y absoluta a la que adhieren  de facto a todos los miembros de un país, haciéndolos católicos, considerándose luego con el derecho de hablar a nombre de todos los mexicanos guadalupanos. Encontrándonos ante las semillas de los fanatismos más canibalescos, y la intolerancia más explosiva, susceptible de enormes violencias. De las cuales la gente luego se pregunta su origen, creyendo con ingenuidad que surgen de la nada o que fueron importadas de algún planeta desconocidopor seres inverosímiles .
Si los ex miembros de la Resistencia Francesa luego tendrían la oportunidad de acceder a puestos de profesores e investigadores, debido a su herejía política, a su radicalismo humanista cercano al de Jesús y Marx, y a su eclecticismo, Morin sería excluido de todo tipo de privilegios.
Forzado al inicio a vivir de modestas publicaciones en periódicos y revistas, manteniendo con mucho esfuerzo a sus hijas. Luego censurado y vuelto a repudiar por sus opiniones casi siempre contrarias a las mayorías.
Por defender la visita de  Arafat a Francia sería odiado por los judíos. Por acusar de inhumanos a los comunistas, perseguido por los hijos de Stalin, Nikita y Castro.

Edgar Morin

Poco a poco comenzaría un lento reconocimiento de su obra, primero su libro sobre la muerte, luego sus textos sobre política y cultura que comenzarían a brindarle la posibilidad de impartir conferencias y clases en todo el mundo. Más tarde sus incontables tomos del Método lo convertirían en uno de los más importantes pensadores modernos.

2. La Vida de la Vida

¿Cabe posibilidad alguna de la existencia de Dios? Se pregunta en el Tomo II de su Método: La Vida de la Vida.

Si la vida en el planeta y la cultura humana consisten en sistemas altamente complejos y evolucionados, inscritos a su vez en un macro sistema global que es el universo entero, entonces, dice Morin, dios sería el sistema maestro, la complejidad misma rectora de todo. Empero, se ha demostrado por muchas fuentes de diversos conocimientos incluso lejanos entre sí, como la astronomía, la biología, la psicología y la ecología, que los grandes sistemas ecológicos y planetarios son inconscientes. Es decir, si acaso existe dios, cosa que de cualquier manera no se puede demostrar, su actuar es inconsciente o ciego. O, simplemente nos encontramos ante un dios cuyas intenciones nos es absolutamente imposible de conocer.

La vida en la Tierra provino de un lugar exterior, lejano a la tierra. Traída con los asteroides en pequeñas bacterias y células que luego evolucionaron desde el océano, haciéndose crecientemente complejas e inteligentes, hasta formar la cultura humana y las sociedades que él denomina ahora planetarias.

¿Cabe la posibilidad de vida en otros planetas? Se pregunta del mismo modo Morin en La Vida de la Vida: solamente si en otros macrosistemas, galaxias lejanas, donde pudiesen existir seres con conciencia propia, análoga o semejante a la humana, pero constituidos no por estructuras celulares hechas de proteínas, como las plantas y animales quienes habitamos la tierra, sino por otro tipo desconocido e impensable de organización de la vida.


miércoles, 29 de junio de 2011

TENERME A MÍ MISMO

George Gurdjieff


TENERME A MÍ MISMO:
El autoconocimiento desde la psicología de George Gurdjieff


PRESENTACIÓN:
Lo primero es aprender a poner atención al cuerpo y al flujo automático de la mente. Darse cuenta que vivimos principalmente automatizados, que debemos lograr ser menos máquinas cada vez.

Luego viene el identificar las partes de nuestra personalidad que nos son más perjudiciales y nocivas, aprendiendo a encararlas y luchar contra ellas. Y Gurdjieff, el mago ruso y psicólogo espiritual, era un inmenso conocedor de todos los tipos posibles de personalidades humanas.
La principal batalla por realizar en esta vida, según Gurdjieff, debía llevarse a cabo contra uno mismo, contra las propias debilidades y autocomplacencias. Si es que en verdad quería lograrse algo que valiera la pena.
El hombre que se tiene a sí mismo, en cierto modo lo tiene todo: es su más cercano amigo, su amante más tierno y su compañía más entrañable, pues nunca se encontrará realmente solo.
CURSO TALLER:
Modalidad: Experiencial.
Lugar: López Cotilla no. 862. A media Cuadra del Templo Expiatorio. Guadalajara Jalisco.
Cuota de recuperación: 200 pesos.
Horario: Sábado 9 de Julio de 5 pm a 8 pm.
Impartido por: Carlos Filiberto Cuéllar. (psicoanálisis y psicoterapia transpersonal)

sábado, 8 de enero de 2011

EL DOGMA DE LA SACIEDAD


El estar solo lo entiendo a sí mismo como la capacidad
de desarrollar un Superyó menos dependiente de los valores impuestos
por la organización social.
(RAÚL PÁRAMO -Sentimiento de Culpa y Prestigio Revolucionario)

Todo individuo que realmente quiera desarrollarse y progresar
debe tomar como una de sus principales atenciones
el reconocer su narcisismo, tratar de reconocerlo despacio,
poco a poco, y a cada pasó será un gran paso,
porque siempre mejoramos al reconocerlo un poco más.

(ERICH FROMM -El Arte de Escuchar)

Sin duda la solidaridad y la capacidad de estar solo
provienen de una simbiosis superada.
(RAUL PÁRAMO -Sentimiento de Culpa y Prestigio Revolucionario)

1
La consigna era tragar hasta reventar. Los escuché agitarse y revolotear una y otra vez a lo largo de toda la noche. Era una periquera, no, un nido de murciélagos en una caverna a la hora de la entrada/salida de estos animales para realizar sus rituales alimenticios. Más precisamente: una madriguera de roedores, tal vez superpobladoras ratas de ciudad, acaso nutrias o martas advenedizas, que se inquietaban espasmódicamente, una y otra vez, cayendo en letargos momentáneos. Volviéndo a alzar el vuelo descontrolado, entre risotadas, tragos de cerveza y tequila barato que extraían de un tonel arrimado previamente durante la tarde. Cucharadas convulsas de pozole, pavo, tamales, pierna al horno. Sorbos de ponche, aguamiel y más tequila. No todo lo ingerían, bastante lo escupían, arrojaban al piso, se les escurría de las fauses o lo abandonaban los restos sobre la mesa saturada de desperdicios. Siempre acompañados por el coro, más bien la ejecución atronadora de su rocola, también recolectada durante horas previas al ritual celebratorio de su cena navideña. Misma que ya escupía piezas de mariachi, rock, baladas comerciales y el regaetón más perreador. Las melodías se sucedían si ton ni son, no terminaban de ser escuchadas cuando las interrumpia alguien con violencia para iniciar una nueva pieza. Al fín y al cabo se puede manipular a placer las nuevas rocolas computarizadas.

La cuestión era que nadie parecía realmente escuchar, ni la música estruendosa y de mal gusto ni las conversaciones o pedazos de monólogos que fluían sin fín hacia un ombligo metafísico.


Se escuchaba el crujido del papel navideño para regalos arrugándose al desenvolver los osequios. Las hojas de tamal volando hacia el cesto saturado por otros miles de residuos.

Un viejecito inverosímil sonreía ante las ocurrencias de cada uno de los invitados, a ratos coreaba repitiendo en voz baja la última frase de un mal chiste, siempre sonriendo, o un “que dios los bendiga y les traiga paz” recitado por algún pariente alcoholizado, más bien pronunciado para sí mismo. Era el abuelito de todos, aunque nadie se dirigía a él.

2

Algunos psicoanalistas y terapeutas gestalt, recomiendan tomar un bocado de alimento y masticarlo con los dientes con sumo cuidado, sin dejar un solo elemento sólido. Hasta convertir la mezcla que otrora fué un sandwich de pepino y jamón o un taco de huevo, en líquido, que luego deberá ser bebido a paso lento. Siempre saboreando y catando con la lengua cada sorbo.

Muchas de nuestras experiencias, la mayoría de hecho, aún no han sido digeridas emocionalmente. De modo que en nuestra memoria racional, corporal y emocional se encuentra una gran cantidad de recuerdos, imágenes, conceptos, episodios perdidos, cadáveres, putrefacciones y carroñas que siguen causando malestar e indigestión. Desde pequeños se nos obligó a tragar sin protestar miles de escenar, valores y acciones de los otros. Fueron engullidas casi enteras, sin masticar ni remoler ninguno de sus elementos.

Partimos del presupuesto, mismo que cada quien deverá comprobar al repetir el ejercicio prescrito anteriormente, de que mientras mayormente masticamos, degustamos, ensalivamos y remolemos la comida, el conocimiento y las experiencias, mejor será nuestra digestión, nos alimentaremos mejor y aprenderemos más conscientemente.



Nuestra manera de comer revela de modo muy vívido la manera en que asimilamos nuestro mundo personal y las experiencias diarias. Cómo vivimos y nos comportamos. También el modo en que leemos tragando un libro tras otro, en que compramos irreflexivamente en los molls y centros comerciales, saturando nuestras tarjetas de crédito y extinguiendo nuestros de por sí raquíticos aguinaldos.

3

Psicoanalistas como Erich Fromm proponen una antigua relación entre la etapa oral en el desarrollo del ser humano, y la compulsión a saciarse hasta el máximo, hasta morir de llenos, o de vacíos.
La otra cara de la saciedad, según nos comenta Fromm, es el temor inconsciente a morir de hambre, quedar desamparado o volverse el ser más pobre del mundo. Se debe tener la cuenta bancaria con los ahorros más gordos posibles, el estómago más repleto de alcohol, comida o droga, el guardarropas más basto que se pueda.

La drogadicción, la obesidad moderna y el consumismo y la acumulación innecesaria de bienes materiales, según este psicoanalista, tienen bases comunes que se hunden en periodos antiguos de los primeros meses y años de vida en el niño. Los padres y madres repletamos a nuestros hijos de comida, objetos y estímulos desde tempranas edades para que no nos molesten. O con las mejores intenciones, creyendo que los niños gorditos son los más sanos. De ningún modo los más inseguros, temerosos, acomplejados y codependientes.



La codependencia emocional, la afición a las drogas, a los pasteles y las grasas saturadas, el comprar sin paras hasta agotar el último peso, las ansias mortíferas de poder y dinero parecen remontarse a orígenes comunes en las primeras etapas de desarrollo humano.

4

Al día siguiente contemple varias veces al abuelito barrer la calle y el jardín de su casa, donde habían tenido su fiesta. Probablemente pensaba en los extintos aguinaldos de sus hijos, nietos y bisnietos que aún dormían.
Probablemnete todavía coreaba un mal chiste de la noche anterior.