Adan de Abajo

Desde la antiguedad los alquimistas intuían la presencia del OTRO YO, nombrándolo Adán de Abajo. El psicoanálisis más tarde lo bautizaría como Inconsciente.
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domingo, 11 de septiembre de 2011

DEMÉTER

LA DIOSA DEMÉTER CON EL DRAGÓN



Para ELLA.
1
En los inicios Dios era mujer.
Hubo un tiempo, muy prolongado, en que ella reinó sobre el mundo.
Más luego se ordenó que su nombre fuera olvidado, borrado de la memoria de los hombres y los pueblos, de los lugares sagrados donde alguna vez le rindieron culto.
No de los templos ni lar ermitas, porque ella siempre eludió habitar en construcciones suntuosas o en complejos arquitectónicos acorazados. Ella prefería los ríos, los lagos y los bosques para comulgar con sus hijos.
Su imagen femenina, sensual y curvilínea, fue extirpada de los ritos antiquísimos. Sustituida por un dios macho, asexuado, patriarcal, barbudo, solemne y prepotente. El cual promovió la esclavitud y ordenó erigir catedrales y basílicas en su nombre.
Ella era la encargada de la fertilidad: ayudaba a las mujeres a llevar su embarazo hacia buen término, acompañaba a los hombres en las cacerías, les indicaba la manera de domesticar a los perros y los caballos. Les dictaba, mediante sus signos sutiles, cuándo cultivar la tierra, cuándo prepararla y el momento adecuado de cosechar sus frutos para alimentar a las familias.
Cuidaba a las mujeres cuando estas se quedaban solas realizando los trabajos domésticos que ella les había transmitido, y vigilaba a los niños para que no fuesen devorados por los lobos mientras jugaban.
2
Pero él no podía evocar su nombre, aunque lo había leído en algún texto de la biblioteca pública, o escuchado mencionar de pasada en un documental histórico a los que casi nadie ponía atención.
Se recostó sobre la almohada, prometiéndose que no regresaría a la biblioteca de nueva cuenta tan sólo para buscar su nombre. Un nombre que había leído muy rápido, en algún capítulo sobre una cultura matriarcal de los confines de Indoeuropa, perdida en la noche de las Edades de Piedra y Bronce. De quien arqueólogos y antropólogos apenas tenían vagas nociones erróneas: Catalhuyuc, la nombraban los expertos según la lengua turca primitiva.
Demetrio cerró sus ojos para ver si relajando su cuerpo y mente, la memoria podría traer por propia cuenta, de modo involuntario, el nombre de aquella mujer.
Sabía por experiencia propia, que mientras más se forzaba al cerebro y al pensamiento para resolver un problema o recordar un dato, la mente se alejaba de la posibilidad de encontrar la solución o llegar a su meta.
Relajándose, meditando e incluso durmiendo, había logrado encontrar la clave para solucionar muchos de los problemas y enigmas de su vida.
Pero en esta ocasión ni la meditación ni el sueño resultaron efectivos para que la consciencia recuperara aquel nombre perdido.
Despertó tras un periodo de ensoñación de unos minutos, entonces aplicó energía y severidad a su cerebro, luchando por apoderarse de nueva cuenta del nombre tan anhelado: Afrodita, Isis, Diana, Khali, Magdalena… Nada. Nada de nada. Ninguno de ellos.
Llegó a un punto en que el agotamiento tras más de una hora de esfuerzo psicológico lo extenuó sin remedio.
Demetrio sintió incisivas punzadas en las sienes y la nuca. Aflojó su cuerpo en un vano y último esfuerzo de lucha, esta vez por olvidarse de aquella idea y aquel nombre que lo obsesionaba y lo enfermaba.
Luego cayó en un profundísimo sueño.
3
La mayor parte del tiempo en Catalhuyuc fue muy rara la violencia. Los hombres vivían en paz, no porque no se enojaran de vez en cuando o no hubieran tenido armas: mazos y lanzas para defenderse o atacar a sus hermanos.
Lo que ocurría es que la Diosa Madre, como la nombraban con respeto, les ordenaba que ningún hombre fuese superior a los demás. Ni siquiera los adultos fueron nunca más que los niños, aunque tenían que cuidarlos por ser más pequeños. Mucho menos los hombres fueron jamás superiores que las mujeres.
Pero su verdadero nombre sólo lo poseían los magos y las sacerdotisas. Solamente ellos podían pronunciarlo en susurros y en secreto cuando necesitaban evocarla para suplicarle que curara a alguien, que hubiese buen tiempo para las cosechas, el ganado y la cacería. O, en otro plano, que estableciera lazos invisibles entre los hombres y las mujeres, para que luego surgieran las parejas ligadas bajo su bendición y se perpetuase la especie humana en bien de todos.
Gracias a ella, la raza humana mantenía su conexión inalienable con la naturaleza. Cuando el Dios Macho, el Dios de la razón, el Acorazado, se apoderó del mundo, el hombre comenzó a perder su ligazón con la vida.
Catalhuyuc se ubicaba en los límites entre lo que hoy es Rusia, Afganistán, Mongolia y Turquía. Sobrevivió a muchísimos periodos históricos desde la Edad de Hielo. La Diosa Madre les enseñó a sus habitantes a utilizar la piedra como instrumento de trabajo y armamento, más tarde les descubrió los yacimientos de bronce y les dijo cómo fundirlo y forjar lanzas y arados.
Los adeptos de la Diosa Madre llevaron estatuillas suyas, rebosantes de senos y nalgas, que se extendieron junto con las migraciones hacia el Norte de Europa y luego hacia Norteamérica, pero también hacia el Oriente, Persia, India, China y África.
Las migraciones partían de Indoeuropa, desde donde los seguidores de la Madre llevaron no sólo su magia y religión, sino el caballo, el perro y la agricultura. Los movimientos humanos iban, venían, se marchaban y luego regresaban a los mismos puntos de donde habían partido hace cien años, tal vez más, retroalimentando a los pueblos con nuevos cúmulos de conocimientos adquiridos en cada viaje. Diseminando la cultura humana por doquier, surcando el Estrecho de Bering.
En Europa sus magos y sacerdotisas se hicieron llamar Druidas, en la India, adoradores de las diosas Khali y Shiba. En América nahuales, tlamantinis y maracames.
4
Demetrio se precipitó en el cuarto piso de la biblioteca pública, sujetándose de uno de los libreros para no caer hacia el vacío de más de diez metros que lo llevaría hacia una muerte segura. Había tropezado con un bulto de libros en el suelo durante su búsqueda desesperada.
La frente le sudaba, las palmas de las manos y plantas de los pies se encontraban húmedas. Su corazón latía desproporcionadamente y el pecho le punzaba como cuchillo a la misma altura de su palpitar.
El libro no se encontraba en el lugar donde lo dejara hace días.
Tampoco había conseguido recordar el nombre de la mujer de ningún modo.
Sin saberlo del todo, pero intuyéndolo de algún modo, ELLA había estado presente en su vida desde la más tierna infancia.
Ahora comprendía el porqué lo aterraban cuando niño las pesadillas plenas de brujas horrorosas y dragones. La razón por la que se despertaba a las tres de la madrugada, temiendo que su alma fuese raptada por genios femeninos y diabólicos.
Su nombre había sido prohibido durante la Inquisición y perseguidos sus adeptos y cualquier seguidor suyo, acusado de herejía.
Empero, sus iniciados no se resignaron pese a las matanzas y represiones, sino que tan sólo se disfrazaron y adaptaron, manteniéndola a ella en secreto.
En la adolescencia, las brujas de Demetrio se transformaron en musas y chicas desnudas con las cuales hacía el amor durante sus mejores sueños húmedos.
Por fin logró dar con el libro: desde el cuarto piso de la biblioteca pudo identificarlo tan sólo con la mirada. Lo hojeaba a la distancia una muchacha de cabello rizado y castaño, a quien por cierto, no era la primera vez que encontraba curioseando a través de los mismos pasillos.
Bajó las escaleras con pasos erráticos y temblorosos. Todo lo rápido que le permitían sus nervios
-¡¿¿Me lo prestas……??!
Suplicó u ordeno con una confusa frase a la chica de rizos, quien a pesar de la impertinencia, no evitó clavar una mirada en los ojos de su pobre alma penante.
Hojeó una página tras otra, sin encontrar el nombre. Lo hizo tan rápido que cuando por fin, tras largo sufrimiento, dio con él. No se percató del todo que finalmente lo había encontrado.
Sintiendo como si leyera el suyo propio: Deméter, una forma griega antigua y femenina de Demetrio.
La joven de los bucles volvió a mirarlo directamente a los ojos y ahora le sonrió desde atrás del libro.
De hecho, Demetrio era un derivado masculino de Deméter: “El hijo de Deméter”, leería para sí mismo aunque en voz alta, en un párrafo más adelante del mismo texto. Encontrando el significado antiguo del propio nombre.
Tomando consciencia de que al buscar el nombre de aquella deidad, más bien se buscaba a sí mismo en el fondo de su mente.
Encontrándose por primera vez, con sus ojos, en los ojos de la muchacha.
Hasta ella había llegado, sin quererlo, escuchando el llamado de Deméter.


miércoles, 18 de mayo de 2011

LAS PIEDRAS DE LA FERTILIDAD

LAS PIEDROTAS DE TAPALPA, JALISCO




El hombre que tiene menos necesidades es el más evolucionado.
Y el que ha recorrido el mundo en avión o en auto, es, sin duda, menos sabio
que el que lo ha hecho a pie.

LOUIS CHARPENTIER –Los Gigantes y su Origen.




Dedicado a la bióloga y docente Laura López Méndez. Ejemplo científico mío.
Para mis amigos Jorge Valadez, Emilio López Méndez y Gerardo Martínez Borrayo,
con quienes he recorrido la Sierra de Tapalpa.

1

Nuestra maestra de biología nos decía que se trataba de un simple accidente geológico, un incidente casual de los suelos.
Alguna inundación o un terremoto las habría desenterrado de las montañas  y dispersado de aquella forma “aeróbica”, cuasi “artística” en todo el sentido de la palabra, a través  del  valle en medio de la Sierra de Tapalpa.
Ninguno de aquellos púberes nos cuestionábamos ni preguntábamos más, esa era y al parecer sigue siendo la hipótesis más aceptada por los científicos y profesores quienes tienen alguna opinión sobre ellas. Por otro lado, todos somos culpables de no haber buscado ningún otro tipo de explicación para su origen, mucho menos para su distribución y orden tan singular.
Andábamos de campamento, teníamos entre once y trece años: éramos estudiantes de primero de secundaria. Yo acababa de cumplir apenas los doce. No me hice más preguntas mucho más allá de la impresión emocional tan fuerte que produjeron en mí las famosas Piedrotas de Tapalpa. Recordándome cuán pequeño era entonces y cuánto aún lo soy en comparación con su intemporalidad, dimensiones y significado universal. Pronto las olvidé, pues el encuentro con una tortuga de río de la cual pretendía apropiarme, a quien mi maestra de biología luego me impidió secuestrar de su entorno para traerla a Guadalajara, en castigo por liquidar a una tarántula, me hicieron lamentarme por siempre sobre la posibilidad perdida de adoptar una nueva mascota.
Años más tarde, retornando a aquel sitio de la infancia ahora en compañía de mi esposa recién en cinta,  la distribución precisamente aeróbica y casi dancística de las Piedrotas, comenzó a intrigarme de un modo distinto. Obligándome a plantearme un sinfín de preguntas psicológicas, evolutivas e incluso mágicas sobre ellas.
Me había iniciado en la psicología de George Gurdjieff algunos años antes del último viaje a Tapalpa. Uno de sus discípulos, Thomas de Hartmann, cuenta que en una ocasión, el mago los llevaba en una prolongada caminata de exploración a través del Cáucaso, cuando encontraron, guiados por los cálculos astronómicos, matemáticos y geológicos de Guirdjieff, la localización de tres dólmenes antiquísimos. Los cuales al parecer jamás habían sido explorados por el hombre moderno.
Los dólmenes consisten precisamente, como indica la etimología de su nombre, en gigantescas “mesas” conformadas por rocas de varias toneladas de peso, las cuales hombres antiquísimos y desconocidos colocaron desde la Noche de los Tiempos por todo el planeta. Semienterradas, orientadas en formas inusuales que en muchas ocasiones contradicen las leyes de la gravedad, debido al juego realizado por los ancestrales constructores entre su peso y sus dimensiones. Pareciendo que se burlaban de su tonelaje, tamaño y precipitación sobre el suelo.
Se ha descubierto que estas estructuras poseían en parte un carácter funeral, pues en Europa y Asia Central, al remover, malamente, aquellas rocas, se han encontrado cantidad de huesos humanos pertenecientes a diversas eras, los cuales fueron agregados en ritos mortuorios por hombres muy antiguos y desconocidos en diferentes tiempos históricos consecutivos.
Es casi nada lo que se sabe de los constructores quienes sembraban rocas gigantes en diversas partes del mundo. En Francia existe una ruta delineada por la distribución de dólmenes y rocas gigantes que comienza desde el Camino de Santiago de Compostela y al parecer culmina en Inglaterra en el sitio conocido como Stone Age. El cual el investigador Louis Charpentier ha demostrado, forma a lo largo de buena parte de Europa, un impresionante espiral que puede ser apreciado a escala una vez marcados en mapas los sitios dolménicos y de rocas gigantes. Se trataba según algunos, de un camino de iniciación recorrido por magos y hombres de conocimiento en aquel continente desde mucho antes de las invasiones romanas y celtas. En Europa algunos de los dólmenes y rocas poseen diminutos gravados que aluden al dios Mercuro o a Isis. Demostrando cómo el intercambio cultural entre Oriente y Occidente es muchísimo muy anterior a las incursiones griegas en Asia y Medio Oriente con Alejandro Magno por ejemplo. Más atrás que los romanos y que el inicio de nuestra era.
2
Según una hipótesis mía, las ubicadas en Tapalpa Jalisco son más de un tipo conocido por los especialistas como menhires, palabra proveniente del bretón antiguo. Los menhires son precisamente piedrotas, como las que es posible apreciar (también según hipótesis mías –o alucinaciones, según…) en la Sierra de Tapalpa. Sembradas o semienterradas intencionalmente por gentes del neolítico. Los menhires poseen una doble función: por una parte servían como fuentes de fertilidad. Pues según se cree, al igual que muchos monumentos, construcciones y edificios milenarios como algunas pirámides y catedrales, fueron elaborados y colocados sobre sitios en donde las corrientes telúricas: de agua y electricidad en el subsuelo, son especialmente fuertes y energéticas.
Se especula que las mujeres de la antigüedad se acercaban a estas piedrotas, frotando su sexo y su vientre sobre ellas para absorber la energía irradiada desde la tierra. Consiguiendo beneficiarse de ellas con intenciones de procreación y continuidad de la especie. Es posible, según cuentan algunos investigadores, como Charpentier, que el acercarse a aquellos menhires puede beneficiar las funciones reproductivas y la vida sexual.
Coincidentemente mi esposa saldría en cinta por aquellos días, poco antes o poco después de nuestra incursión en la sierra.  
Los menhires poseían también la función de beneficiar los cultivos antiguos. Sirviendo como especies de antenas que captaban la energía de la atmósfera y la unificaban con la del subsuelo. Atrayendo presuntamente la lluvia o alejando las inundaciones y evitando las sequías.
Al final, la agricultura y la maternidad poseen análogos significados simbólicos y se encuentran bastante relacionadas desde la antiguedad.
3
Todo ello puede hablar, según cuentan los investigadores, y según sospecho yo en mis reflexiones científicas y observaciones, del elaborado conocimiento que poseían los hombres del neolítico. A quienes se les ha juzgado bastante pobremente por parte de antropólogos y biólogos evolutivos, a partir exclusivamente de algunas puntas de flecha talladas en roca y otras pocas tumbas desenterradas de aquellas épocas.
Algunos han propuesto que quienes colocaron aquellas piedras enormes por todo el planeta eran una raza de gigantes, pensando en el tamaño y la fuerza que se requirió para transportarlas a veces a lo largo de kilómetros y colocarlos en aquellas posiciones.  Otros, como el doctor Alejandro de Jerusalem, psicoanalista y antropólogo amigo nuestro, quien considera que aquellos hombres no eran más grandes o menos físicamente hablando que nosotros. Sino que contaban con una enorme inteligencia, cultura y ciencia que nos es a nosotros bastante difícil de comprender. Un control de su cuerpo, de sus propias energías vitales y espirituales, las cuales sabían armonizar con las de la naturaleza.
¿Cómo lograron distribuirlas por todo el mundo en sitios tan distantes como América, Corea, el Cáucaso, Medio Oriente, Europa, Africa, etc.?
Aceptar por parte de algunos científicos y tecnócratas, la profunda ciencia y tecnología que presuntamente poseían ya los hombres del cromañón y los homo hábilis, como los hemos bautizado según nuestro corto entendimiento, pondría en tela de juicio y en cuestionamiento la supuesta evolución y grandeza de ciencia y pensamiento que según aquellos especialistas poseemos los hombres actuales.
¿Cómo admitir que no somos tan evolucionados ni tan listos por sobre el resto de la creación ni de nuestros predecesores, incluso mucho menos de lo que creemos? Es parte de la ilusión y del sueño vendido por la modernidad y el capitalismo.
Empero, se ha demostrado que el sistema nervioso del hombre moderno ha detenido su evolución desde la época clásica de los griegos. Que al parecer nuestra inteligencia y capacidades neuronales no han continuado desarrollándose, pero sí la tecnología. Lo cual de ningún modo es lo mismo, pues se puede poseer y manejar la computadora o el auto más modernos, con las capacidades y la personalidad de un niño poco despierto de cuatro años. Aunque sus operarios se sientan por momentos un triunfo en la evolución. (Y en parte sí, pero no del todo)
El mago Gurdjieff creía en el hombre pre-diluviano, anterior al diluvio, quien según él y algunos otros, colocó esas piedras inmensas como testimonio de su conocimiento y ciencia. Louis Charpentier señala que su ciencia no procedía yendo de lo externo a lo interno de los fenómenos. Como sí la nuestra. Sino que operaba directamente sobre la esencia de las cosas, de un modo que nos resulta inimaginable a la mayoría los hombres, quienes actualmente poblamos la tierra y nos guiamos en la mayor parte de los casos por puras apariencias de las cosas, aunque creemos que no es así y que somos bastante profundos en nuestros juicios. Logrando la ciencia de los antiguos, algo muy cercano a una supuesta unión entre magia y ciencia. Cosa inimaginable en la actualidad.
En Europa, durante las invasiones romanas siempre hubo una especie de “resistencia” o de fuerza cultural y vital que se opuso a la romanización primero, luego a la cristianización. Una fuerza bárbara que se resistía a ser dominada y esclavizada por los legionarios romanos, luego por los misioneros católicos, promovida por los druidas y algunos magos celtas. Herederos de aquella sabiduría ancestral proveniente desde la edad de piedra. Según Gurdjieff, aún mucho más lejana y antigua.
En América, aquella fuerza que se resistió a la evangelización por sobre los indígenas, también se hizo presente en la religión, las lenguas, la comida e incluso en la medicina tradicional. Resultando en el mestizaje. Es el fenómeno conocido como nahualismo, liderado por algunos sabios chamanes y brujos indómitos, quienes mantuvieron ocultos sus conocimientos, evitando fuesen borrados por la imposición cristiana y las espadas europeas.
Sus piedras gigantes sobrevivieron a varios cataclismos, congelamientos y diluvios desde hace milenios. Para eso eran precisamente creadas. En el caso de una nueva destrucción global de la humanidad y de sus culturas, que de ningún modo sería la primera, ¿qué quedaría de nuestra civilización, de nuestra técnica y de nuestra filosofía si todo fuese arrasado?