Adan de Abajo

Desde la antiguedad los alquimistas intuían la presencia del OTRO YO, nombrándolo Adán de Abajo. El psicoanálisis más tarde lo bautizaría como Inconsciente.
Mostrando entradas con la etiqueta Psicoanlálisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Psicoanlálisis. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de julio de 2016

Igor Caruso: Don Gato y el Psicoanálisis en México









Todo revolucionario auténtico es un representante de la forma social pasada, de lo contrario no sería revolucionario: la revolución  ya estaría hecha. Se olvidan de que el revolucionario debe, en primer lugar, cumplir la revolución  de una manera aparentemente idealista en su propia persona, antes de llevarla al mundo de una manera realista y plenamente consciente.

(IGOR CARUSO – El Psicoanálisis: Lenguaje Ambiguo)





1


 Sus alumnos le apodaban Don Gato sin que se diera cuenta, pero no lo hacían con ironía ni resentimiento, como ocurre con otros profesores menos apreciados, sino todo lo contrario, con bastante cariño. Le llamaban Don Gato por la nariz ganchuda que parecía elevar cuando miraba a un paciente a quien psicoanalizaba, o cuando escuchaba a sus alumnos y colegas en un seminario psicoanalítico, atendiendo a sus argumentos con sumo cuidado, antes de rebatirlos y confrontarlos con otros mucho más eruditos y fundamentados, o  antes de apoyarlos y enriquecerlos con su sabiduría.

Caruso se quedó al frente del Círculo Psicoanalítico en Viena, que tenía relación directa y reconocía la paternidad de Freud, después que los analistas judíos huyeran principalmente a los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, perseguidos por los nazis. Aunque durante la ocupación alemana de Austria, el psicoanálisis estaba prohibido, Igor Caruso continuó estudiándolo, practicándolo con discreción y formando jóvenes analistas de todo el mundo.

Luego de la liberación de Viena y tras la derrota de Hitler, los psicoanalistas europeos fieles a la escuela de Freud consiguieron reagruparse alrededor de la figura de Igor Caruso, puesto que para entonces también existían ya muchas escuelas deudoras del pensamiento freudiano. Algunas de ellas disidentes de las enseñanzas de  Freud, otras en franca oposición al patriarca, pero sin dejar de deberle demasiado todas, aunque lo negaran.

Don Gato fue de los primeros freudianos en recibir estudiantes de América Latina: jóvenes psiquiatras y psicólogos de Argentina, México, Brasil, Colombia acudían en oleadas hasta la capital del psicoanálisis no sólo para estudiar en los seminarios del Círculo de Psicología Profunda que Don Gato presidía, sino para psicoanalizarse bajo su tutela.

Caruso provenía de una antigua familia noble de Sicilia, emigrada luego a Rusia a inicios del siglo XIX y emparentada con príncipes y condes rusos. Su padre fue secretario de la nobleza zarista y su madre descendiente de aristócratas sicilianos. Gracias a sus relaciones, el padre de Don Gato ocupo varios cargos como diplomático en España, Francia y Alemania, por lo que desde niño tuvo la oportunidad de aprender muchos y diversos idiomas, y desarrollar un poliglotismo natural. Luego de diferencias con los zares y la nobleza, su padre se trasladó con su familia hasta Viena dejando definitivamente su vida rusa, tiempo antes del estallido de la Revolución de Octubre.

Se formó en Viena como psicólogo infantil con intereses espirituales y religiosos, herencia de su familia cristiana ortodoxa. Colaboró muy de cerca con jesuitas y teólogos protestantes reformadores, quienes planeaban dar un giro al cristianismo en general, para permitir a las iglesias una apertura hacia el evolucionismo de Darwin, el psicoanálisis freudiano, las tesis de Teilhar de Chardin, de Carl Jung y de Jean Piaget. Pero luego su pensamiento dio un giro intelectual hacia la izquierda, incorporando el existencialismo de Jean Paul Sartre, los postulados marxistas y las nuevas aportaciones de los teóricos sociales de izquierda como Geoerge Lukacs y Adam Schaft.

Poco a poco, gracias a su propio análisis didáctico, a sus lecturas de Marx, Engels, Sartre y Lukacs, se modificó su actitud teórica y práctica, hasta llegar al convencimiento de que el psicoanálisis no podía ser terapéutico ni revolucionario, mientras no develara ni denunciara mediante la práctica analítica, el papel de las falsas ideologías en los padecimientos mentales de los hombres modernos.

Su contacto con alumnos y pacientes de Asia y América Latina lo sensibilizó enormemente ante las realidades del Tercer Mundo y le hizo luchar por superar su eurocentrismo y acercarse a ésos otros continentes. Las lecturas del pensamiento marxista le hicieron encontrar una conexión natural entre las contradicciones de clase social de los hombres, y sus padecimientos emocionales. De modo que para la mitad de la década de los cuarentas, llegaba a la conclusión de que el objetivo del psicoanálisis, apoyado en los avances del marxismo, la antropología, las ciencias sociales y la etología, era el análisis y la crítica de las falsas ideologías que enfermaban y alienaban a los seres humanos.          
2
Caruso se aclaraba la garganta antes de proseguir con sus seminarios, dirigidos a jóvenes estudiantes latinoamericanos y europeos, bebía un poco de agua kina en una breve pausa. En esta ocasión trataban el tema del inconsciente. Sus alumnos lo escuchaban con un silencio expectante, a la caza de cada frase que deshilvanaban sus palabras sabias y enciclopédicas.

Para Don Gato el inconsciente no era tan sólo un inconsciente individual incluido en cada persona, como lo era para los psicoanalistas ortodoxos, inspirados en el fisicalismo biológico de Freud, sino que era el inconsciente, la energía sexual vital que animaba el universo entero, del cual los seres humanos formaban apenas una minúscula parte. Todos los seres vivientes, incluso los hermafroditas y aquellos microorganismos que se auto-reproducían por bipartición celular, se encontraban divididos entre lo masculino y lo femenino, en la necesidad de  buscar su contraparte sexual opuesta, aquella que les faltaba para complementarse. O de lo contrario, permanecer en el aislamiento total y el no-desarrollo.

La vida en todas sus expresiones era una lucha por separarse de los progenitores, padres y madres, por adaptarse a su medio ambiente y trascenderlo. Pero también una búsqueda para complementarse sexualmente con el otro. Los corales marinos machos que eyaculaban para que la marea transportase su semen a sus correspondientes especímenes hembras ubicados a lejanas distancias oceánicas, la reproducción de las plantas fanerógamas y criptógamas, los peces, los reptiles, las aves, los mamíferos, el hombre. El inconsciente era el patrimonio energético y biológico que animaba lo viviente y lo no viviente en el universo entero, y lo guiaba caóticamente a través de la cópula, el acoplamiento sexual en todas sus formas e intercambios, y el amor.

Para don Gato, al igual que para Confucio, Buda, San Agustín y Freud, a quienes leía devotamente todos los días, los sentimientos humanos se reducían si se les desnudaba hasta sus últimas consecuencias, al miedo y el amor. Una manifestación de lo más mundana y cotidiana de Eros y Tánatos. Todas las formas de comportamiento humano se desprendían de aquellas dos formas básicas de emoción. Era el miedo y el temor lo que llevaba a los hombres hacia el crimen, la envidia, la esclavitud y la alienación. Era el amor el motivo y el fin último de liberación y emancipación de todo ser viviente.

Caruso tomó sus ideas biológicas y antropológicas del padre Teilhar de Chardin, el jesuita quien fue su mentor y maestro. La evolución de la vida, contrariamente a lo que pensaba Darwin, no dependía tan sólo de la adaptación pasiva al medio ambiente por parte de los organismos, sino que era guiada por una finalidad superior. En cada estadio más desarrollado y complejo de las especies, la vida se hacía más perfecta y a la vez inacabada, para transitar nuevamente hacia una etapa de mayor trascendencia.

La conciencia humana y el hombre eran el triunfo de la evolución que había acercado cada vez a la vida misma hacia el estadio máximo del Espíritu Absoluto. El hombre era la personalización de ése último estadio, a la vez cercano al Espíritu Universal y anclado en la tierra, un ser enteramente biológico pero también cultural y social. Dividido entre elevados ideales de amor, y destructivos sentimientos de egoísmo y aniquilación.

Pero Caruso no era creyente, su propuesta no era teológica. Era por completo marxista, partidario de un ateísmo místico, de un judeo-cristianismo crítico sin Dios. Precisamente el fin del psicoanálisis para él consistía en ayudar a los hombres a liberarse de la idolatría, de sus falsos Dioses para hacerlos plenamente responsables de sus acciones. Despojarlos de sus falsas ideologías y sueños enfermizos que les trastornaban. El hombre inventaba a Dios para justificarse, lo utilizaba  para atribuirle sus propios defectos y virtudes, engañándose al creer que sus más bajas actitudes y acciones eran desviaciones de Dios. Atribuyéndole a Dios la intención de juzgar sus actos más ruines, y en la pueril creencia de que sólo él le redimiría. Dejándole perezosamente a Dios la tarea de su propia liberación, en lugar de iniciarla como debía, por sí mismo.

Para Don  Gato el triunfo del psicoanálisis consistiría en hacer consciente al hombre de su lugar como especie biológica en la tierra y el universo, al mismo tiempo que de sus contradicciones culturales y sociales en las que se dividía. Despojado de las deidades que utilizaba para justificarse.

Aquellos alumnos conservadores quienes creían encontrar en Caruso al psicólogo cristiano, creyente, humanista e ingenuo católico, sufrían un fuerte impacto. Los que buscaban al psicoanalista freudiano ortodoxo, burgués y poco crítico se desconcertaban al igual que los otros, al encontrar en Don Gato a un ateo-místico, quien utilizaba el método dialéctico materialista de Marx, pero también  las categorías y técnicas freudianas del psicoanálisis.

Sus alumnos, quienes también tenían que psicoanalizarse con él al aceptar asistir a sus seminarios de formación, sufrían en el proceso analítico una transformación y conversión ideológica nada ausente de dolor y traumatismo psíquico. Un psicoanálisis desideologizador.

Caruso afirmaba una y otra vez sin cansarse, que el hombre revolucionario no podría serlo auténticamente mientras no efectuara la revolución primero en sí mismo, liberándose de sus vínculos incestuosos con la madre y el padre. Para luego aplicar plenamente la revolución en el mundo. De lo contrario toda revolución sería pervertida y estaría condenada al fracaso. La revolución acabaría esclavizando a los hombres en lugar de liberarlos.


miércoles, 16 de julio de 2014

LA VIDA ADULTA DE LA CENICIENTA





¿Qué significa entonces interior o superior?
Significa algo muy interesante en cuanto se empieza a verlo.
Significa una incesante lucha consigo mismo para lograr
lo que es real y así descartar el lado fingido e inventado.

(MAURICE NICOLL –Comentarios Psicológicos sobre las Enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky Tomo II)



Los cuentos de hadas brindan contribuciones psicológicas muy  positivas para el crecimiento interno del niño.

(BRUNO BETTELHEIM –Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas)

1- 
           El Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas

Existe un significado superficial de los cuentos, las parábolas y los mitos. Es el sentido que retoman y explotan los medios de comunicación, los políticos y demagogos para controlar a las masas, los líderes religiosos y las sectas para mantener hipnotizados a sus feligreses o seguidores. Entonces comprendemos la cercanía semántica de las palabras “adepto” y “adicto”. El adepto y el adicto son por completo dependientes de algo externo a ellos, no tienen ningún control sobre aquello, se encuentran lo más lejanos del poder interior.  El adicto depende de sus enervantes y no logra pensar ni funcionar sin ellos. Más bien es pensado por sus drogas. El adepto es dependiente de los significados que le brindan los líderes a quienes sigue: sacerdotes, políticos, comunicadores, artistas, deportistas. También es pensado por completo por fuerzas desconocidas,  ajenas a él.

El significado superficial es en el que vivimos inmersos y nadamos como peces la mayoría de los humanos, habitantes comunes y corrientes de la tierra. En la Escuela Psicológica del Cuarto Camino, a este tipo de significados se les llama Influencias A. Son las más lejanas de un núcleo de verdadera sabiduría y comprensión profunda de la vida.

Es en este nivel de significados que realmente se cree que Moisés partió en dos el Mar Rojo con la fuerza de su báculo, que Jesús caminó sobre las aguas con sus plantas desnudas o que efectivamente las habichuelas mágicas crecieron hasta alcanzar el tamaño del cielo. Sin saber que estas historias no nos describen hechos concretos, sino procesos psicológicos  y mágicos interiores, accesibles con cierto esfuerzo para el hombre. Que es posible elevarse hasta el cielo de cierta manera, y hacer germinar las semillas del espíritu  que casi todos poseemos, hasta alcanzar grandes alturas humanas. Que caminar sobre las aguas y obrar sobre los mares es actuar sobre funciones muy reales que están dormidas en nosotros mismos.

El significado superficial o influencia A es aprovechado por los líderes e hipnotistas de masas para erigirse como mesías, profetas, héroes, canales de transmisión de la verdad absoluta, príncipes salvadores, etc. Vendiendo su droga idiosincrásica como fe, democracia, salvación, educación, información, etc.

Luego están los significados a los que llamamos de transición psicológica. Corresponden a sentidos intermedios, que elaboran los sociólogos, filósofos, psicoanalistas, teólogos, mercadólogos, semiólogos y especialistas en interpretarlo todo. Estos significados ya tienen algo de profundidad, pues conllevan un cierto grado de reflexión, aunque ésta se quede exclusivamente en un nivel teórico, y al final dejen al significado en su parte externa, del mismo modo que los primeros. A estos se les llama Influencias B. Poseen algo de conexión con cierta sabiduría, aunque muy lejana todavía de ella.

El psicoanálisis  se queda en este nivel exterior cuando teoriza acerca de los mitos, las religiones y la literatura. Por ejemplo Bruno Bettelheim, a quien respetamos sobre manera por rescatar la importancia de los cuentos de hadas en el desarrollo emocional del niño, señala que la historia de la Cenicienta nos habla del conflicto edípico de la hija con su madre. La hija, tarde o temprano en su desarrollo, deberá confrontarse y rebelarse del yugo amoroso de su mamá.

Empero, este aún continúa siendo una interpretación del significado que se queda en el nivel teórico y exterior del mismo.

Entonces surge el cuestionamiento: ¿De qué naturaleza consistirá una interpretación completa del significado de los mitos, las parábolas y los cuentos de hadas para extraer su verdadera enseñanza? ¿Cómo combinar el razonamiento teórico con la comprensión emocional para asimilar la naturaleza sabia de los mitos e historias milenarias?
¿O es que estamos condenados a vivir con un sentimiento de esterilidad y depresión interiores, debido a que han muerto los mitos, los cuentos de hadas  y los dioses en nuestro imaginario?

 Es bien sabido ya que cuando muere en alguien la capacidad de soñar, creer y mitificar, éste muere también espiritualmente.

Es cuando nos acercamos a las que en el Cuarto Camino se conoce como influencias C. Conservar  la inocencia del niño para dejarnos seducir y enamorar por el mito, combinado con la astucia del hombre adulto o “ladino”, para darle su lugar real a las cosas.

2.  La Evolución Espiritual de la Cenicienta:

La historia de la Cenicienta nos describe la historia del desarrollo del espíritu cuando éste anhela evolucionar y despertar. En antiguas tradiciones a este despertar se le llamaba el “segundo nacimiento” o la “segunda educación”.  Había un primer nacimiento y una primera educación que ayudaba a formar la personalidad humana, plena de habilidades, conocimientos teóricos, experiencias personales de carácter emocional, etc. En el ámbito de la personalidad quedan ubicadas las influencias A y B, de las que hablamos hace un momento, que llegan a ser exteriores e incluso superficiales.

Pero la búsqueda del camino espiritual tarde o temprano puede llevar al hombre que ya ha desarrollado su personalidad a entrar en contacto, aunque sea en un inicio débilmente, con las influencias C, influencias profundas o de la Humanidad Despierta.

En la historia de la Cenicienta, la madrastra no es una representación de la madre humana, sino de la falsa personalidad que rige sobre el alma o la esencia, dominándola, castrándola y manteniéndola encerrada. En un momento dado, si la Cenicienta, la esencia o el alma, no logra despertar y librarse de ella, puede morir literalmente.

Las hermanastras: Anastasia y Griselda representan los falsos Yo de la personalidad, que luchan por ocupar el lugar de la esencia.

En una dramática escena de la historia, donde ellas desgarran el primer vestido de Cenicienta hasta dejarlo vuelto harapos, se representa de manera muy vívida y trágica el drama con el que nos tratamos a nosotros mismos, envueltos en vanidad, resentimiento y odio hacia lo que nos rodea, haciendo caso a los falsos Yoes. No nos damos cuenta que la principal víctima de nuestras necedades y bajos sentimientos es nuestra propia alma. Si pudiéramos sentir cómo habita aún el vestigio de la pobre Cenicienta en nuestro interior, cómo se estremece, palpitante y dolorida bajo la tiranía de nuestra falsa identidad y nuestras vanidades, no podríamos evitar correr a  abrazarla de inmediato y darle el lugar que le corresponde. Pero estamos muy lejos de ello, porque para encontrar a nuestra esencia o Cenicienta, requeriríamos hacer un largo trabajo de conocimiento interior y de discernimiento para separarla de los falsos Yoes, que como Griselda y Anastasia, quieren hacerse pasar por ella y arrebatarle su sitio.

Cenicienta significa, como señala Bettelheim, surgida de las cenizas. Así, el trabajo de “cernir” o separar a los falsos Yoes y liberar a Cenicienta es arduo, duro y conlleva muchos años.

En sus primeros intentos de despertar, el alma humana cuenta, como contó Cenicienta, con poco tiempo: hasta las doce de la noche. Los primeros vislumbres del despertar son erráticos, dubitativos, apenas presentidos, su efecto por consiguiente es breve y cualquier logro puede perderse rápidamente. En algún momento, el esfuerzo y el trabajo esotérico paciente y férreo, preparará el terreno para que el Príncipe, el verdadero Yo, descienda de las alturas y encuentre una parcela fértil y lista, la esencia pulida y liberada, para casarse con ella y permanecer a su lado para siempre.

Pero la preparación del terreno puede ser larga, engañosa y sufriente.

En un momento dado, así como a las mascotas de Cenicienta se les dio la oportunidad de evolucionar, siendo transformadas de  ratones, perros y caballos en cocheros, lacayos y sirvientes, todo lo que rodea la esencia debe evolucionar con ella, en una escala correspondiente con su nivel. Es sabido en ciertas tradiciones que los animales también poseen un alma colectiva, un karma que deben ir cubriendo y saneando como puedan. Los humanos quienes les cuidamos y convivimos con ellos les ayudamos en su lenta evolución, al crecer y evolucionar nosotros, los podemos arrastrar a ellos hacia la luz de manera obligada.

lunes, 8 de abril de 2013

EL ORIGEN DEL AMOR POR LOS ZOMBIS

                                           ESCENA DEL FILME EXIT HUMANITY (CANADÁ, 2011)




Vivir de manera tan completa,
en un estado tal de felicidad –que implica,
desde luego, meditación-
es realmente el problema fundamental que nos concierne.
Y también lo es el descubrir si podemos comprender esta vida
no en fragmentos, sino completamente: si podemos estar completamente involucrados
en la vida, y no comprometidos con alguna parte de ella
-estar implicados en el proceso total de vivir,
sin conflicto alguno, sin desdicha, confusión ni dolor.
Ese es el verdadero problema.
Porque sólo entonces podemos dar origen a un mundo diferente.
Esa es la verdadera revolución, la interna revolución psicológica
de la que emerge una inmediata revolución externa.
Hagamos pues, el viaje juntos.

(JIDDU KRISHNAMURTI –Usted es el Mundo)



No le temo a nada, por lo tanto podré verme a mí mismo…

(Don Juan Matus)


1.    EXIT HUMANITY

Edward Yong es el nombre de un brillante poeta de los tiempos de la Guerra Civil Norteamericana. En vida no conocerá la fama como literato, de hecho no conocerá fama alguna, pero sus escritos, versos, anotaciones  y sobre todo su diario de la Guerra, le harán ser recordado muchas décadas más tarde.

No es poeta académico: jamás fue a la escuela, pero es gran lector y aprendió a leer y escribir por su cuenta. Todos los días, al terminar las labores en la pequeña granja  en Tennessee que heredó de sus padres, en donde  ahora vive con su esposa e hijo de siete años, a quienes adora, se tiende sobre su mecedora bajo un zaguán a disfrutar de su Shakespeare, su Cervantes y su Petrarca. También a realizar anotaciones, versos y dibujos de todo lo que ve cotidianamente.

La Guerra Civil lo sorprenderá de lado de la causa abolicionista y de Abraham Lincoln. No le interesa ninguna ideología ni causa política específica, pero se verá enrolado en una tropa  como soldado raso por meros compromisos familiares, por tal de conservar los derechos de su granja.

A causa de un milagro, precaución extrema y cuidados, o sólo por casualidad, jamás es tocado por ninguna bala a lo largo del conflicto. Las páginas de su diario se llenan con abundantes párrafos, descripciones y dibujos que ilustran todo aquello de lo que es testigo en aquellos años  y que no es poco. No hay día que no añore abandonar un conflicto en el que no cree, para regresar a su granja con su familia.

Pero el horror contemplado durante las batallas no será nada en relación con aquello que irá apareciendo a lo largo del fin de la Guerra Civil, cuando se supone que los confederados sean desarmados y enjuiciados.

Personas comunes y corrientes de ambos bandos, deambulando sin consciencia alguna, produciendo gritos, chillidos y sonidos guturales, con los rostros y los miembros descarnados, la piel pálida como cadáveres ambulantes. No tienen más entendimiento que el de comer carne humana fresca, morder víctimas y convertirlos en criaturas aberrantes similares a ellos, o devorar si es posible, a alguien hasta dejarlo en los huesos.

El diario de Yong registrará como testigo directo cada detalle, dando un giro, de diario de guerra a novela de horror.

Se trata del filme de zombis: Exit Humanity, dirigido por John Geddes y lanzado en 2011. Es curioso que una película tan interesante, entretenida y bien amarrada de un género que por cierto está de moda, no haya sido apenas mencionada en algunos círculos estrechos de especialistas en cine independiente y blogs de fanáticos del cine de horror. Filmada en Canadá con un irrisorio presupuesto, no tuvimos noticia de que apareciera en las salas mexicanas, ni siquiera en la piratería. Debimos haberla descargado de la Red para poder admirarla en inglés, al descubrir en Youtube un tráiler del que no se podía uno despegar, añorando contemplar y saber el resto de la historia cuanto antes.

2.    LAS CAUSAS ETIOLÓGICAS DE LA ZOMBIFICACIÓN

La película plantea algo que es un hecho a medias: que el miedo y la fascinación por los zombis son antiquísimos. Datando de una época en que los rituales de la magia y la brujería eran practicados para apoderarse de la voluntad de otros y con el fin de convertirlos en esclavos mentales. Exit Humanity no es el primer filme en señalar a la brujería y el vudú como el origen del fenómeno de los muertos vivientes. Tendríamos que remontarnos hasta 1988 con la magnífica, The Serpent and the Rainbow, de West Craven, donde un antropólogo viaja hasta Haití en la época de la dictadura con la finalidad de descubrir una presunta sustancia con la que se puede devolver los muertos a la vida. En lugar de un elixir para la vida eterna, el investigador se verá atrapado en un asfixiante laberinto que casi le cuesta la vida y el alma, en donde se mezclarán la política de ultraderecha y la brujería afrocaribeña.

            Con los años, la industria cinematográfica propuso distintas etiologías para el síndrome zombi: virus letales, experimentación con armas biológicas, holocaustos de zombis de diversa índole, invasiones zombis sin ninguna causa lógica, etc. Como 28 Days Later (2002) de Dany Boyle, hasta llegar a la afamada serie televisiva The Walking Dead (2010), basada en el comic de Robert Kirkman. Sin olvidar el clásico de G. A. Romero, La Noche de los Muertos Vivientes, de 1968, con un agudo trasfondo de crítica política y social, que es la mamá de todos los filmes sobre zombis.

                 Sin embargo, el origen del término o del fenómeno zombi se remonta hasta el vudú o la brujería afroantillana, que planteaba dos posibilidades para la zombificación, o la acción de convertir a alguien en zombi: regresarlo a la vida cuando ya había muerto, o convertirlo en zombi estando en vida, apoderándose de su voluntad y transformándolo en un esclavo psicológico al servicio de quien dirigió el conjuro.
          
             Psicológicamente hablando, un zombi es un ser humano quien habiendo poseído todas sus facultades mentales, las pierde de pronto, producto del contagio de una enfermedad, virus, la ingesta de algún veneno desconocido o por la intermediación de un conjuro mágico. Desde el punto de vista neuropsicológico se trataría de la muerte de las funciones de la corteza superior del cerebro, las encargadas de la consciencia, la reflexión, el pensamiento y el lenguaje. Quedando desprovista de la actividad de su corteza cerebral superior, la víctima se verá reducida al funcionamiento exclusivo del cerebro primitivo o del cerebro animal: agresividad, hambre, violencia, ira, etc. Los cuales serían procesos básicos de sobrevivencia, compartidos con el reino animal. Un zombi sería un ser humano bestializado, reducido a reacciones reflejas agresivas y de búsqueda de alimento. Al perder su humanidad, en el zombi reaparecerían funciones arcaicas superadas en la evolución de la especie humana, como el carroñerismo y la antropofagia. Mismas que en los humanos normales eran inhibidas o reprimidas sobre todo por la acción de la corteza frontal del cerebro, en donde se encuentra la personalidad humana y las funciones culturales y sociales.

            En Exit Humanity todo comienza con el inocente conjuro de una aprendiz de hechicera, quien tratando de devolver la vida a su hermana asesinada y violada por unos maleantes, la convertirá en zombi por accidente. La zombificación masiva se esparce por contagio, a partir de mordedura entre unos hombres y otros. Pronto, todo el sur de los Estados Unidos se encuentra casi despoblado, habitado tan sólo por muertos vivientes que deambulan en busca de la poca carne humana fresca no infectada que queda en los sobrevivientes.

            Al regresar a su granja, Edward Yong encontrará a su esposa y su hijo convertidos en zombis. Se verá obligado a matarles, contra todo su amor por ellos, aprendiendo por cierto que los zombis sólo mueren mediante un tiro en la cabeza. Caerá en una profundísima depresión, abandonándose por la perdida de su familia. Pero del mismo modo que durante la Guerra Civil, nada consigue matarle.

            Incinerará a su pequeño y se propondrá llevar sus cenizas hasta unas cataratas. Esta será, según él, su última misión en este mundo.

            Convirtido en un mercenario solitario, cazador de zombis, portando una capucha, en compañía de su caballo Sombra, con un rifle y dos revólveres, emprenderá un largo viaje a través del Sur de los Estados Unidos para cumplir su cometido final.

3.    NUESTRO AMOR POR LOS ZOMBIS

¿Pero que será lo que produce en nosotros tantos sentimientos encontrados hacia los zombis: amor, atracción, fascinación y temor por otro lado? Es claro que a nadie nos gustaría que se hiciera realidad un holocausto zombi, empero, no podemos dejar de mirar las películas del género y pocos nos perdemos los últimos capítulos de The Walking Dead en Fox, ya muy cerca del desenlace.

 Hace unos seis meses, cerca de mi consultorio psicológico, asistí como testigo ocular a un desfile de fanáticos de los zombis. Había muchos contemporáneos míos, desde luego, quienes asistimos al estreno de Exterminio 1 en los noventa y su continuación: 28 Weeks Later, por cierto no tan buena como la versión de Dany Boyle. Pero también había muchos no adultos: niños hasta de seis o siete años en compañía de sus padres, con sus playeras alusivas a la temática en cuestión. Una de las plazas públicas que hay por ahí estaba casi llena, con no pocos fans de los zombis de todas las edades.

¿Acaso será que el holocausto zombi está más cerca de lo que pueden nuestras imaginaciones alcanzar? Quizá el resultado de la cultura de masas y de un capitalismo despiadado es la zombificación por medio de los medios de comunicación, el enrolamiento en el consumismo del que aquellos que se niegan a ser parte, son mirados como raros, como no zombis por los propios zombis, quienes añoran volverlos como ellos. Si seguimos la hipótesis del origen del fenómeno zombi, no por brujería, ni magia, ni por contagio de virus alguno, sino por lavado de cerebros, en instituciones educativas, religiosas y laborales que en realidad son enemigas del ser humano y en el fondo desean  homogeneizar a todo el mundo, e incluso liquidar a quien piensa distinto, pareciera que el holocausto zombi hace mucho que se ha instalado en nuestro mundo.

Tal vez nuestra fascinación por ellos no es más que una proyección de unos seres quienes nacieron y nunca dejaron de ser  zombis, aunque sueñan con ser hombres despiertos, vivos y reales.  

Hace pocos años un paciente me contó   que cada día se sentía más libre, pues había logrado tomar una decisión sustancial en su vida: entre elegir un juego de video último modelo o unos rines de lujo para su Volkswagen. La zombificación está dada y no hay cura.

La psicología del Hombre Despierto de la que Jiddu Krishnamurti y George Gurdjieff son dos grandes pilares, plantearía que en cierto modo la mayoría de nosotros estamos dormidos, es decir, vueltos zombis. Y que la cura o la clave para sanar y despertar de la muerte en vida se encuentra dentro de nosotros.

En un momento dado, tras arrojar las cenizas de su pequeño a una catarata, como misión final, Edward Yong encontrará a otros dos jóvenes sobrevivientes: Isaac y su hermana Sahra, quien ha sido mordida en varias ocasiones pero nunca se convirtió en muerto viviente. Gracias a ellos Yong recobrará las esperanzas. De hecho, Exit Humanity es un filme que es un homenaje a un poeta de la Guerra Civil que sí existió y quien también enfrentó un holocausto, más no del tipo zombi sino de otra índole.

domingo, 24 de febrero de 2013

TU REINO NO ESTÁ AFUERA: Descarga gratuita del libro.

 
  VISTA DEL LIBRO TU REINO NO ESTÁ AFUERA


Les dejo en descarga gratuita, en enlace para bajar mi libro de Psicoterapia: Tu Reino no está Afuera: una Psicoterapia Mexicana Perenne:

TU REINO NO ESTÁ AFUERA: Una Psicoterapia Mexicana Perenne. Recien publicado en Editorial Académica Española, en Barcelona, fue escrito a partir de un estribillo del rolero Rockdrigo González. Es una serie de ensayos que en conjunto forman una propuesta de psicoterapia mexicana transpersonal, psicoanalítica, perenne y humanista, fruto de casi quince años de experiencia clínica como psicoanalista, musicoterapeuta y psicólogo clínico por parte del autor.
 
Si quieres leerlo te dejo el link de descarga:

http://www.mediafire.com/?ztv784yk4rz69gv#!


 
 

martes, 25 de diciembre de 2012

WILHELM REICH: Defensor de las ninfómanas


                                                            WILHELM REICH en Paloalto California
 

 
La necesidad biológica de la expansión de la vida.

La distorsión del despliegue de la vida en ascetismo,

en estructuras autoriatarias y en negación de la vida

puede aparecer de nuevo;

pero las fuerzas naturales del hombre triunfarán, al fin,

en la unidad de la naturaleza y la cultura.

 

(WILHELM REICH –La Revolución Sexual)

 

 

1.    El psicoanálisis contra la sexualidad

 

No podía dejar de acostarse con cuanto hombre se le atravesaba. Era bonita y lista, buena lectora y conversadora, no carecía de recursos seductivos. Y sabía utilizarlos para encamarse con quien quería. Llamémosla sencillamente: Raquel.

Al inicio ocurrió con sus compañeros de Liceo, con sus vecinos del antiguo edificio habitado por estudiantes, muchos de ellos colegas de clase (no dejo ninguno vivo). Luego con un primo, con quien sostuvo un prolongado y tortuoso amorío, al mismo tiempo que recorría las habitaciones de los estudiantes una por una. Fue una relación plagada de excesos, que incluyeron masoquismo y sadismo en destructivas dosis. Hasta que logró abandonarlo, casi tocando fondo y habiendo sufrido severas lesiones en todo el cuerpo y el sexo, tras intensos frenesís extáticos.

Intentó discreción al máximo, falló. Las habladurías la obligaron a abandonar sus estudios en humanidades. Tuvo que dejar la ciudad e irse a vivir a un poblado en el campo, donde nadie la conocía. Se empleó en una lavandería. Ahí prosiguió con su gusto insaciable por los hombres, cambiando el tipo de comensales por obreros y granjeros. Esto pareció no importarle tanto. El sexo se le había vuelto un hábito, una droga, el asunto más importante en su vida. A veces eran los mismos amantes, algunos recurrentes, casi siempre se trataba de la búsqueda de nuevos prospectos para la cama. El esfuerzo implacable por lo novedoso.

Durante un tiempo, Raquel mantuvo con éxito una relación estable con un chico de su agrado: un atractivo poeta y obrero de su edad, de quien logró encariñarse. Brindándole cierta tranquilidad y paz momentáneos. Pero recayó en el gusto por las relaciones sexuales furtivas y casuales, no exentas de cierta violencia. La relación con el chico se perdió sin remedio, fracturándose al no poder acallar las habladurías y chismes.

            Visitó a varios psicoanalistas y médicos, en ese entonces todos pertenecientes a la Sociedad Psicoanalítica Vienesa. Su caso llegó a oídos del mismísimo
Sigmund Freud, quien lo tomó con cierto sentido del humor, incluso a manera de broma, apoyado por el coro de sus fieles súbditos.

Hasta entonces la ninfomanía era considerada incurable por el psicoanálisis. Aunque parezca paradójico, e incluso irrisorio: las ninfómanas eran juzgadas hasta cierto punto “inmorales” por los propios psicoanalistas y seguidores de Freud. Era un caso semejante al de los homosexuales, a quienes por aquellas fechas se les negaba el tratamiento psicoanalítico por prescripción de su propio fundador.

No seremos los primeros en encontrar similitudes entre la cerrazón del patriarca Sigmund Freud y los profetas del Antiguo Testamento.

Cabe aclarar que para entonces muy pocos se atrevían siquiera a cuestionar un poco los juicios, las teorías y la figura de Freud.

Sigmund comenzaba, con justicia y tras una larga lucha de años, a ganar la batalla contra el mundo de la medicina tradicionalista, demostrando el papel innegable de la vida anímica en las enfermedades. Aún así, el psicoanálisis no estaba exento de prejuicios sexuales y prescripciones morales. Por desgracia, muchos de los psicoanalistas comenzaban a volverse los censores y represores morales contra los que el propio psicoanálisis había luchado desde dos décadas atrás. El psicoanálisis se volvía en contra de la propia libertad sexual en pro de la cual había nacido.

2 La Rebelión contra el Patriarca

Fue un joven egresado de medicina quien le proporcionó una perspectiva diferente.

            Wilhelm Reich era un hijo de militar de origen humilde. Él mismo había estado en el ejército casi cinco años, a donde había ingresado con la inquietud de aprender medicina e ingeniería. Su búsqueda era intelectual, del mismo modo que emocional y sexual. Quería aprender de la vida, de los libros y liberarse de sus propias represiones e inhibiciones. Sus inmensas lecturas y viajes intelectuales lo alejaron de la milicia y lo sumergieron en la ciencia y la investigación independiente.

            Reich organizó un seminario sobre sexología en el sótano de un laboratorio químico. Al inicio estudiaron el sexo desde una perspectiva meramente anatómica y médica, luego coquetearon con el psicoanálisis.

            Freud les sugirió y obsequió lecturas para reorientar sus estudios. Fue un paso casi natural que el joven médico y ex militar se volviera también discípulo y aprendiz del patriarca del psicoanálisis.

            Al inicio su veneración hacia la figura de Freud fue casi total: Reich lo describe como un hombre inteligentísimo, implacable con sus detractores y críticos, así como agudo investigador y atento a los detalles.

            En un momento dado, fue el propio Sigmund Freud quien derivó a Raquel para que Reich la tratara en su consulta privada. Fue el inicio de la ruptura.

            A partir del trabajo clínico y las observaciones no sólo hacia el caso de la ninfómana, sino hacia muchos otros pacientes quienes sufrían de impotencia sexual, disfunción eréctil, frigidez, vaginismo, etc., Reich comenzaría la redacción de una de sus obras maestras: La Función del Orgasmo.

            Sabía las reacciones que su trabajo ocasionaría y la propia acogida que se le daría: bastante negativa, no sólo por parte de la comunidad médica y psicológica, conocidamente conservadora y mojigata, sino de los propios psicoanalistas. Las conclusiones y observaciones de Reich hacían fuerte mella en el papel de la sociedad como represora  y deformadora de la sexualidad humana, así como lanzaban duras críticas al mismo psicoanálisis por obviar e ignorar el papel del orgasmo y de la gratificación sexual en la salud de los hombres.

            La hipótesis fundamental del Reich consistía en brindar a la falta de satisfacción sexual, específicamente orgásmica, un papel primordial en las neurosis y en una basta gama de enfermedades mentales  y físicas: el asma,  la depresión, el cáncer, la esquizofrenia, etc. Se hablaba de una cultura asexuada, reprimida, insatisfecha y enferma por la carencia de orgasmos.

            Al aparecer su libro, las reacciones no se hicieron esperar, la oposición con el padre del psicoanálisis surgió inmediatamente. Freud soltó furibundas críticas, acompañado por las voces del resto de sus alumnos, en aquel momento casi nadie, más que sus pacientes comprendían la propuesta de Wilhelm Reich. Los psicoanalistas ortodoxos hablaban ciertamente del papel de la represión sexual, pero desde un punto de vista del inconsciente. Meramente teórico. De ningún modo se involucraban con el papel concreto y directo de la genitalidad y propiamente del orgasmo, que incluso les escandalizaba y producía escozor con el simple hecho de hablar de él.

            Reich fue echado de la Sociedad Psicoanalítica, pero sus pacientes no lo abandonaron, su consulta creció, también el número de sus lectores y de sus libros, que se multiplicaron con el paso de los años.

En el caso de Raquel, Reich fue el primero en notar el papel de la angustia enorme que le produciría la falta de un orgasmo a la chica. El cual la impelería a acostarse con uno y otro hombre, sin encontrar una satisfacción plena, biológica y emocional. La ninfómana se acostaba innumerables ocasiones en la búsqueda de un orgasmo que nunca había llegado.

            Reich creo a partir de entonces una terapia psico-corporal que iba directamente encaminada a que los pacientes lograran una descarga orgiástica biológica, afectiva y mental absoluta, aliviando todas las tensiones, culpas, y liberándose de sus corazas y armaduras mortales. Según Reich, al obtener un orgasmo pleno y absoluto, el tiempo psicológico del paciente se actualizaba, superando de golpe su complejo de Edipo y todas sus inhibiciones.

3.    Los hombres que se vuelven inmortales

Freud se volvió una figura innegable, y uno de los padres para la psicología y la psicoterapia. Empero, muchos de los seguidores que lo corearan y siguieran fielmente hasta la muerte, caerían en el olvido irremediable.

            Con la Segunda Guerra, Reich también emigró, abandonando Europa y refugiándose  en California, en los Estados Unidos, junto con toda una serie de personalidades quienes conformarían en panorama de la denominada Contracultura en los cincuenta y sesenta.

            Prosiguió dando conferencias, escribiendo libros fundamentales, como La Revolución Sexual, e inventando aparatos y técnicas para la terapia sexual. En un momento dado, llegó a postular la hipótesis del Orgón, la cual habla de un tipo particular de energía sexual que anima y fluye no sólo en la vida de los hombres, sino mueve y potencia la vida misma del universo. El secreto de la vida, era para él la sexualidad que estaba en todas partes.

            En los sesentas fue acusado de prácticas indecentes y de corromper a la juventud, tras declarársele culpable de subversión y faltas a la moral, lo encerraron en prisión, donde murió de un infarto al miocardio. Por su parte, tras encontrar el buscado orgasmo, Raquel logró terminar sus estudios y establecerse como esposa y madre de familia.

            El psicólogo Piotr Ouspensky señala que los hombres verdaderamente grandes, son reconocidos hasta mucho tiempo después de su muerte.