Adan de Abajo

Desde la antiguedad los alquimistas intuían la presencia del OTRO YO, nombrándolo Adán de Abajo. El psicoanálisis más tarde lo bautizaría como Inconsciente.
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lunes, 7 de mayo de 2012

REVISIÓN DE TUS RELACIONES DE PAREJA: Taller Vivencial



Caminamos por la vida siguiendo un sendero conformado por nuestros amores pasados, las personas con quienes compartimos , de quienes nos enganchamos u obsesionamos en algún momento. Hay quien le llama a este sendero, patrón. Sin darnos cuenta, parecemos perseguir a la misma persona, pero con diferentes rostros. O ella parece perseguirnos. Si por un instante nos detenemos y volteamos hacia atrás, armándonos de valor, podemos mirar con consciencia el trayecto que nosotros mismos hemos recorrido, con quienes nos hemos encontrado y a quienes nos han querido o lastimado. De manera que podamos transitar hacia nuevas etapas, comprender las decisiones que hemos tomado sin darnos cuenta, y elegir mejor a quienes encontraremos en el futuro.

Dirigido a cualquiera interesado en participar en un proceso de revisión de sus relaciones de pareja, perdidas, pasadas y presentes, con la finalidad de comprender y mejorar su manera de acercarse y vivir con los demás.

Impartido por Carlos Filiberto Cuéllar. Escritor, psicoterapeuta, quince años de experiencia clínica, cinco libros publicados y más de un centenar de artículos sobres la psicología, el desarrollo humano, el psicoanálisis y la cultura.

Sábado 12 de Mayo de 6 a 9 pm. Costo de recuperación: 250 pesos. Información: 044 331 327 19 55
Lugar: López Cotilla. No. 862. A un costado del Expiatorio. Guadalajara Jalisco. México.

jueves, 9 de febrero de 2012

HUMILIATION: Morir sin haber amado

(Portada del álbum: A Society in wich no tears is shed de Yoñlu)




Why does it always have to end in humiliation for me?
Why does it always have to end in humiliation for me?
I'll tell you why
I wanna die
I'll tell you why

I'm in a love with a girl, I am
Who is smaller but stronger and braver than I'll ever be
(YOÑLU –Humiliation)

1
Buenas cantidades de personas creen sufrir por amor, muchos más consideran morirse de desamor: debido a no encontrarlo por más que se esfuercen (pues no se dan cuenta que al esforzarse lo están alejando –incluso aniquilando), o gracias a haberlo perdido, si es que pretendían poseerlo.
Sufren y lloran quienes no lo tienen, o lo perdieron. Pero también sufren los que consideran haberlo encontrado, porque no saben qué hacer con él.
Lo mismo acerca de Dios o del Espíritu. ¡Mucho cuidado con los que afirman conocer a Dios y al amor! ¡Más cuidado con los que juran y perjuran saber algo de verdad!
En la práctica psicoanalítica y en el ejercicio de la psicoterapia cotidiana, nos convencemos cada vez de lo poco que tanto nosotros mismos, como grandes volúmenes de personas, no conocemos en realidad, y que más sin embargo pretendemos morir o dejamos matar por aquello.
Pareciera que no sentimos la necesidad de ser congruentes con lo que creemos y pregonamos a diario por una parte, y por otra,  entre aquello que hacemos y ejecutamos.
En el consultorio, mientras más hemos contemplado a la gente desmoronarse por un presunto amor malsano, o debido al término de una relación afectiva –en la cual en el momento de duelo no se entrevé por ningún instante, que la ruptura era para bien-, más ponemos en tela de juicio los conceptos que poseemos acerca del amor y a los cuales algunos de nosotros damos por hecho que son absolutos y naturales.
Peor aún, desde el extremo religioso: mientras más observamos a algunos pretendidos iluminados y carismáticos, desgarrándose las vestiduras y arrojando no ya la primera piedra, sino a todo un pelotón de fusilamiento, para enjuiciar a sus semejantes, más nos convencemos, no de que nuestro concepto de amor o de Dios sea el correcto. Sino de lo mucho que la mayoría de nosotros hemos perdido en cuanto a la conexión con lo más básico de la vida.
Algunos de nosotros desperdiciamos grandes cantidades de palabras, neuronas, energía y lágrimas en llorar por amores que no atinamos a descubrir como ficticios y nocivos. Otros iniciamos guerras y verdaderas hecatombes psicológicas contra nuestros más allegados, nada más por defender una idea, a la que probablemente mañana no recordaremos ya.
¿Y el caso de los que mueren demasiado jóvenes como para haber conocido el amor? ¿O es que amaron demasiado en su corta vida, mucho más que los que tuvieron una larga existencia y no lograron amar, como reza el verso de un bolero escrito por un chico suicida de 17 años…?: I´m in love with a girl, who is smaller but stronger and braver than I´ll ever be…
2
Yoñlu era nada más un pseudónimo con el que comenzaba a ser bien conocido en la Red. Particularmente en Youtube. Se llamaba Vinicius, como uno de los más grandes poetas y trovadores brasileños: Vinicius de Moraes. El cofundador de la bossa nova, junto con Antonio Carlos Jobim.
También nacido en Brasil, en Porto Alegre. Yoñlu era hijo de un canciller y de una reconocida psicoanalista. Como buen hijo o pariente de psicoterapeuta, estuvo en proceso psicológico desde los nueve años.
Cuando murió tenía nada más 17, presuponemos que casi la mitad de su vida transcurrió recostado en variados divanes psicoanalíticos. En Brasil, al igual que en Argentina, existe una importante tradición psicoanalítica iniciada por los discípulos de Igor Caruso en los sesenta, y continuada por cientos de lacanianos, frommianos y reichianos algo más tarde. Siendo hijo de una prestigiosa psicoanalista, no creemos que haya carecido de opciones de tratamiento.
Mucho menos pretendemos culpar a la profesión de su madre ni a la efectividad del psicoanálisis, de que un buen día Yoñlu decidiera inhalar monóxido de carbono para acabar con su existencia. No sin dejar previamente un disco duro en su máquina, lleno de canciones, sampleos y composiciones de su autoría.
3
Era depresivo desde muy chico. Nosotros querríamos creer que más bien era en extremo sensible, como señalan los comentarios desperdigados en diversos blogs en español, inglés y portugués que hay en la red, dedicados a la breve vida y obra de este artista.
Tocaba la guitarra: la acústica, la eléctrica y el piano como el mejor guitarro brasileiro. Hablaba español, francés e inglés, además de su natal portugués. Tenía su habitación llena de instrumentos musicales y de libros. Con un pequeño estudio de audio improvisado para gravar su obra.
Ahora, mientras escuchamos su único y póstumo álbum: a society in wich no tear is shed, un material simplemente increíble, nos convencemos de que Yoñlu no sólo era sensibilísimo, sino de que era un verdadero artista. Su disco nos arrastra sin remedio hasta las más hondas y pestíferas cavernas de nosotros mismos; transmitiendo una melancolía perturbadora y bella con melodías sencillas pero muy pegadoras y efectivas: ¿Cómo es que alguien quien tocaba y componía de esa manera, afirmaba en sus versos que quería morirse y de hecho culminó su deseo? Surge en nosotros la pregunta ineludible.
En uno de nuestros más superfluos y vanos momentos, al escuchar uno de sus mejores tracks: Humiliation, no dejamos de preguntarnos tampoco si acaso no se nos contagiarán sus ganas de suicidarse tan sólo al escuchar aquella voz tan hermosa, que puede ir del falsete más íntimo al barítono más conmovedor, acompañada de los acordes de su instrumento.
Pensamos luego, en otro momento de más lucidez,  que no es que Yoñlu odiara o no amara a la vida. Hemos conocido a algunos suicidas, y en ninguno de ellos captamos nunca ni por un instante previo al acto final y definitivo, un solo elemento de odio a la vida, a sí mismos o a los demás. Todo lo contrario. Pero sí, muchos de ellos eran excesivamente sensibles, tal vez demasiado como para soportar cuantiosas dosis de vida.
Aunque Yoñlu era muy joven y sensible, y melancólico y suicida, su música está llena de verdadero arte, y por ende, de verdadero amor y de vida.
La música de Yoñlu se inscribe, a nuestro gusto, en la tradición de la música brasileña contemporánea, misma que fusiona los ritmos populares, sincopados y ancestrales de sus raíces africanas, con lo mejor del jazz, la trova, el pop, el rap y lo electrónico.
No hay melómano que deba quedarse sin escuchar algunos de los tracks contenidos en su disco, por cierto editado por el sello de David Byrne: desde un muy bien logrado e inefable bossa nova con Olhe por Nos, la cual se acerca perfectamente al nivel de un Carlos Jobim, un Caetano Veloso e incluso de su tocayo, Vinicius de Moraes. Pasando por una trova al estilo Silvio Rodríguez, con Estrela, Estrela. Hasta un bellísimo bolero como Humiliation, en donde el joven autor afirma de antemano querer morir porque ama a una chica. Quizá el mejor bolero cantado en lengua inglesa que hayamos escuchado jamás.
4
No creemos por ningún momento que Yoñlu muriera debido a que no amaba la vida, como rezan algunos mojigatos, adversarios y detractores del acto suicida, o porque la odiaba.
Conocemos alguna que otra persona con una vida mucho más prolongada y estéril, quien por cierto, no ha hecho gran cosa con su conmiseración, además de saturar las redes sociales con frases huecas y prefabricadas, amén de insufribles versos de mal gusto y poca imaginación.
Debemos reconocer que encontramos y descargamos el álbum de Yoñlu a través de mediafire, a falta de megaupload, -que nos lo robamos de internet, así tal cual, pues…-, trastocando la poca congruencia por la que trabajamos día a día. Si además afirmamos que su material no es difícil de conseguir en la Red, recomendándoles que lo busquen, lamentaremos aún más nuestra escasa congruencia.
La prensa de hecho acuso a las redes sociales y a Internet de ser los causantes de la muerte del joven artista brasileño, culto y de padres adinerados, quien muriera, según ellos, a causa del aislamiento que produce hoy en día la vida solitaria con sus largas horas frente a una computadora.
Todavía tenemos que reconocer también, que fue gracias a Internet que supimos de la vida y obra de Yoñlu, y gracias precisamente a la Red que pudimos conseguir su material e insertarlo en nuestro Ipod y en nuestros corazones.

sábado, 30 de abril de 2011

MORIR JOVEN POR DENTRO

Kimberley Vlaeminck was inked with 56 stars. (AAP)
KIMBERLEY VLAEMINK


En realidad todos nacemos artistas de la vida
y, sin saberlo , la mayoría de nosotros no logramos serlo
y el resultado  es que hacemos un desastre de nuestras vidas
preguntando: ¿Cuál es el sentido de la vida?
¿A dónde vamos después de la muerte...?
Nadie lo sabe.

(SUZUKY Y FROMM .Budismo zen y Psicoanálisis)

1
En nuestra generación todos querían ser otra cosa, pero cambiaron el rumbo, dedicándose por siempre a algo muy distinto a lo que querían en verdad llegar a ser. Casi todos equivocaron el camino. Casi nadie escucho la voz interior que les decía: vuélvete futbolista, sé atleta; artista: dibujante, trovador; comediante, o, dedícate simplemente a viajar, aunque a veces no tengas que comer y andes siempre de autostop, como Jack Kerouac y Jack London. Conviértete en piloto aviador como Saint Exupery; en escritor igual a Fadanelli, Murakami o Hemingway; regentea un bar. O, no intentes ser nada y dedícate simplemente a vivir la vida, a escuchar los discos que a ti te gusten,  a leer los libros que te apasionen y a ser amigo de aquellos a quienes tú elegiste como tus hermanos del alma. Del mismo modo que el buen Allen Ginsberg.
El país que vivíamos en los noventas no era de ningún modo tan violento ni tan pleno de miedo, y todavía podíamos osar animarnos a levantar el pulgar en alguna carretera desconocida o abordar un vagón de carga de ferrocarril entre juego, broma y en serio. Arriesgándonos a que nos atraparan los policías federales y nos dieran una tunda, o que algún vagabundo nos ofreciera de sus tacos.
Es cierto que nos tocó una crisis económica avasalladora casi a la mitad de aquella década. Que muchos tuvimos que trabajar desde tempranas épocas haciendo de todo, cosa rara entre la gente de nuestro colegio. Donde otrora estaba de moda, para quienes podían costeárselo, un viajecito al extranjero para practicar la segunda o la tercera lengua. Según tenemos noticias, en nuestra generación muy pocos pudieron realizar aquellos viajes estudiantiles a Canadá, Francia o los Estados Unidos que hasta cierto punto eran rituales en generaciones previas. Mínimo un intercambio de cuando menos un mes de duración a Seatle.
En 1994 estaba muy de moda ser contador, ingeniero en algo, abogado, administrador de empresas o doctor. Ejércitos de contadores públicos, juristas e ingenieros obedecían los consejos de la golpeada generación anterior de sus progenitores: “estudia primero algo que te proporcione de qué vivir, luego haces lo que tú quieras…”
¿Cuántos filósofos de closet, cuántos poetas, futbolistas, historiadores, cineastas, viajeros y exploradores frustrados, tras aquellos títulos universitarios caducos pendiendo en el muro de la oficina o la casa materna?
La generación de nuestros padres había visto por décadas la continuidad de sus esfuerzos, proporcionarles los frutos merecidos a la inversión en energía humana aplicada. En nuestro caso, la realidad fue la ruptura de todas las seguridades y certezas. La difuminación de los sueños. A la edad en que nosotros terminábamos la universidad, veinte años atrás, nuestros padres ya nos tenían a nosotros y a algunos de nuestros hermanos. Con paciencia esperaban ellos la certidumbre cuasi celestial de la pensión, la jubilación, los réditos del banco o el negocio familiar, mientras miraban en familia  la serie televisiva Los Pioneros o el Chavo del Ocho.
Actualmente, muchos de nosotros continuamos haciéndonos miles de preguntas y laberínticos cuestionamientos sin certidumbre alguna. La certeza financiera, menos la psíquica o la moral, resultan extrañas entre nosotros, los que aún estamos un poco vivos. A menos que estuviésemos tan amodorrados  e incluso muertos en vida como para pensar que todo va muy bien.
2
Existen varios tipos de adolescentes y de jóvenes. El primer grupo de ellos, a quienes nombraríamos como adolescentes automatizados, nunca han sido jóvenes de verdad. Tal vez cronológicamente, a lo sumo como etiqueta por su breve, muy breve apariencia juvenil, pero nada más. Desde temprana edad, al autómata se le aleccionó para elegir el sendero predeterminado de un supuesto camino de éxito. Hizo las cosas que se esperaba hiciera como joven: las fiestas, las tonterías, los extravíos. Pronto creció y olvidó el rock, dejó de ejercitar su cuerpo y su mente, abandonó los libros y las películas de aventuras, los viajes, los sueños.
No tiene ningún caso intentar comunicarse con el adolescente automatizado, pues la lección del demagogo en turno: sea padre de familia, sacerdote, empresario o maestro, resultó bastante efectiva. De él se espera que consuma mucho, que desobedezca lo justo, sin pretender trastocar su sistema social y que siga durmiendo el sueño lunar para transitar rápido hacia la etapa de adultez sin ningún rito de paso: adquirir su título universitario, vivienda, el auto más lujoso posible y una familia. Pasando si es necesario sobre las cabezas de sus coetáneos. Y que siga consumiendo todo lo posible hasta la muerte.
Pero el joven automatizado puede despertar, asomar en su corazón un dejo de verdadera rebeldía; aclaramos, de “verdadera rebeldía”, no de berrinche consumista ni capricho aburguesado. Entonces es posible que realmente escuche. Y a nosotros brindarnos la oportunidad de dialogar con él.
3
El segundo tipo de joven es el que “adolesce” en verdad. Le duele y lo lastima moral y físicamente la falta de congruencia de su mundo. No por nada, en la década de los setentas y ochentas muchos jóvenes se identificaban con la persona rebelde de Jesús de Nazaret. No con el castrado personaje a quien secuestraron las iglesias. Sino con el barbado revolucionario, viril sobremanera, de cabello largo a quien imitaron los Beatles, Dylan y Serrat. Y a quien crucificaron los romanos en la postura más erecta, semidesnudo, rodeado de hermosas judías, algunas vírgenes y otras putas.
Para dialogar con los jóvenes y con los adolescentes, es menester que los adultos quienes pretenden acercárseles, nunca hayan dejado morir a su joven interior. Que jamás hayan dejado de escuchar y seguir sus voces internas, quienes le impelían: “levántate, rebélate… lárgate, sé, fractura, fornica… ama…”
Cualquier intento de un adulto zombi por acercarse a los adolescentes, consistirá en mera demagogia, aleccionamiento barato o intento de someter a los jóvenes mediante máscaras y manipulaciones.
¿Qué clase de ejemplo podemos ser para los jóvenes, los adultos quienes jamás nos atrevimos a seguir las voces internas, o tristemente las dejamos de escuchar hace muchísimo tiempo?
Luego nos quejamos por el tamaño de las rupturas generacionales y porque los chicos no nos escuchan y menos se identifican con nosotros.
En culturas ancestrales de diversas regiones del mundo, se ha hablado siempre de un segundo nacimiento. Para volver a nacer es necesario enfrentar poderosas pruebas y obstáculos, haber decidido desarrollar el propio juicio y seguirlo a partir de aquellas dificultades superadas. Aprender de la propia vida y mantenerse joven internamente por siempre.
¿Qué podemos aportar a los adolescentes, ejércitos  de adultos quienes hemos fracasado en enfrentar nuestras propias pruebas y ritos de paso, quienes jamás nos atrevimos a seguir la voz de nuestros corazones?
Aquel quien tiene mucho miedo a morir o de envejecer, es, según nos cuenta Erich Fromm en varios de sus libros, precisamente quien nunca experimentó ese segundo nacimiento. Ese nacer de nuevo para su propia vida. Aquel quien para siempre perdió a su joven interno.


miércoles, 23 de febrero de 2011

NUESTROS AÑOS JÓVENES: Los viajes psicoanalíticos de Erik Erikson

 


Todas las ideologías de nuestros años jóvenes albergaban algún plan salvador que dominaría para siempre después de tan sólo otra guerra, tan sólo otra revolución, tan sólo otro new deal.
(ERIK H. ERIKSON –Infancia y Adolescencia)


Antes de llegar a convertirse en psicoanalista se formó como pintor autodidacta. Era solitario, la mayoría del tiempo andaba sin compañía, cargando sus libros y sus dibujos en un portafolio de cuero. Siempre se resistió a las escuelas oficiales y a la educación formal. Más bien las evitaba por todos los medios.

Realizó largos viajes de días en bicicleta a través de Europa. Viajó pidiendo aventón, durmiendo a la intemperie bajo algún árbol o puente.   También a pie: fue un buen caminante hasta sus últimos días, cuando ya vivía en Nueva York y había conseguido convertirse en un reconocido escritor-psicoanalista.

Su familia también era completamente inusual, su padre biológico fue un noble austriaco quien abandonó a su madre -de origen obrero- antes que naciera el niño.

Ella terminaría casándose con el pediatra que atendía al chico. Desde entonces Erik Erikson se sentiría como no perteneciente a ninguna parte: con lejanas, perdidas y conflictivas influencias aristócratas, a las que miraba con resentimiento y a la vez nostalgia.

Comportándose como un eterno adolescente, poseedor de una singular e inherente aristocracia del alma, como decía Fedor Dostoievsky. Sin identificarse del todo con el mundo proletario al que perteneció su madre, mucho menos sintiéndose parte del mundo adulto burgués de su padrastro médico.

Por eso elegiría no ingresar jamás a la universidad, y, en cambio, optaría  por aprender de propia cuenta. De su decisión por el autodidactismo, acuñaría el término selfmade man, que utilizaría más adelante en sus obras para describir a las jóvenes generaciones europeas y norteamericanas, que se ufanaban de haberse formado y hecho a sí mismas. En contraposición a las conservadoras generaciones de padres y abuelos que les antecedieron. Deudoras irremediables de las exigencias de la sociedad y el deber ser.


Más tarde, en un artículo autobiográfico, Erikson confesaría haber encontrado en Freud, cuando lo conoció, a la mezcla de profeta, escritor, médico, revolucionario, patriarca, guía y salvador de la humanidad. La figura paterna de la que siempre careció en sus primeros años.

Erikson se autodefiniría como adolescente eterno e inevitable, adulto en lo necesario, también en lo imprescindible, lúdico infante, explorador y curioso de la ciencia, la vida, la cultura y el arte.

Desde una mirada psiquiátrica  severa, podría haberse catalogado a este joven artista como antisocial, inmaduro e inadaptado.

Un buen candidato para internación en el manicomio, según el diagnóstico de pocos comprensivos y tradicionalistas médicos.

2

Comenzó a pintar y a dibujar por propia cuenta, sus únicos maestros los constituyeron las obras de los grandes artistas plásticos de todos los tiempos, a las cuales admiraba y analizaba detenidamente en cada uno de los museos de las ciudades por las que pasaba en sus prolongadas correrías adolescentes.
Por otro lado, tenía la ventaja de que le gustaba bastante la lectura, visitaba las bibliotecas públicas y se nutría principalmente de novela, ensayo, poesía y teatro. Con el tiempo descubrió obras más “serias” y “maduras”: textos filosóficos, de historia y de pedagogía. Así es que nunca, a lo largo de su vida, le faltaron buenos  libros con los cuales alimentar su hambrienta imaginación y su creciente acervo cultural.
No sólo leía, sino que se atragantaba con grandes cantidades de obras que asimilaba en breves períodos de tiempo.


En el camino de su autodidactismo y su búsqueda independiente, llegaría a una escuela creada por Ana Freud, la hija del fundador y patriarca del psicoanálisis. La heredera del psicoanálisis lo elegiría al instante como profesor de pintura de los pequeños pupilos de su escuela. En aquella institución, Erikson descubriría que sus talentos intelectuales iban mucho más allá de la plástica.

Pronto, Ana Freud lo aceptaría como discípulo, invitándolo a sus seminarios, recomendándole lecturas y transmitiéndole la técnica psicoanalítica.
El joven artista tuvo que someterse a psicoanálisis didáctico, es decir, aplicarse el psicoanálisis a sí mismo antes de analizar a otros, bajo la guía de su maestra freudiana.

Así, con el tiempo, sin tener una formación universitaria de base, como se recomendaba e incluso exigía a los candidatos a ser psicoanalistas, Erikson terminó trabajando en psicoanálisis de niños, asesorado y avalado por la tutela de Ana Freud. En unos años se enfocaría también en el estudio de adolescentes y adultos.

3

La niñez se define por su necesidad de obtener seguridad, y que el infante adquiere, según Erik Erikson, de la relación sólida con los padres. O, contrariamente, le es legada en casos conflictivos, una inseguridad que le perseguirá por el resto de sus días. Haciéndolo dudar ante todos y por todo.


El adolescente lleva a cuestas el sino de la crisis de identidad. Debe descubrir quién es, o forjar a brazo partido, en una búsqueda dolorosa e incesante, lo que quiere llegar a ser.

Insertándose cada día en variadas y novedosas ideologías, cambiando de un momento a otro de perspectiva y forma de pensar.

La adultez debe permitirle al hombre y a la mujer conseguir una intimidad e integración sexual, aunada a la capacidad de comprender y solidarizarse con los demás. Ser capaz de conquistar y mantener a una (o unas –según) pareja.

Sin caer en egoísmos y narcisismos, los cuales serían un retroceso a etapas inmaduras de la infancia y la adolescencia.

En la ancianidad se  debe conseguir, por encima de todo, la calma y la sabiduría, templada a punta de golpes y heridas cicatrizadas exitosamente.

Contrariamente, la enfermedad de la vejez la constituyen la desesperación, la parálisis psíquica y la inmovilidad, producto de tanto preocuparse y fallar en esfuerzos erráticos a lo largo de una existencia infructuosa.

Erikson padeció severas crisis durante su adolescencia. Se debatía, entre convertirse en un médico del Alma, como Freud y en cierta forma, un doctor como su padre adoptivo. O continuar el impulso artístico que guiaba su personalidad plástica hacia el dibujo y la pintura.

Al final, justo en la etapa adulta, luego de transitar dolorosamente por las crisis de identidad adolescente, gracias a los diálogos con su esposa, logro crear una poderosa y conciliadora síntesis. Se convirtió en un gran ESCRITOR-PSICOANALISTA.

4

Según insistió Erikson a lo largo de su obra, no es sencillo precisar teóricamente qué es una persona adulta o cuándo consigue serlo.

¿Es adulta por haber contraído un matrimonio civil o religioso? ¿Por conseguir el poder adquisitivo para comprar una casa o auto? ¿Por poseer una cuenta de banco, un puesto en empresa o institución, un traje de etiqueta…?

La respuesta, para este escritor-psicoanalista, depende de la cultura, la raza, la biología, la lengua y su propio desarrollo individual. Mismos que ejercen fuertes variaciones e influencias según la geografía, las prácticas sociales, culturales y psicológicas. Pero también de las decisiones individuales que emprende cada quien para liberarse, madurar, o, contrariamente, continuar en el limbo de la inmadurez, los fanatismos y la dependencia.

5


En los años sesentas, en la prisión de San Quintín, un periodista norteamericano solicitó un permiso para ingresar a las crujías y entrevistar a tres jóvenes prisioneros políticos.

Habían sido arrestados durante una manifestación frente a Washington.

Al entrar a la celda de uno de los jóvenes activistas, un muchacho de color, de veintitrés años, algo llamó de inmediato la atención del reportero: el libro: Infancia y Adolescencia. De Erik Erikson. El cual constituía una de las lecturas de cabecera de los jóvenes revolucionarios, quienes esperaban para ser procesados por rebelarse contra el Sistema Político Norteamericano.
Negándose a toda costa a recibir la benevolencia del FBI y su dudoso perdón.
Constituían la encarnación de lo que Erikson fuera y escribiera pocos años atrás. Los Self Made Man.

PG

El autor: Carlos Filiberto Cuéllar

Carlos Filiberto Cuellar. (Guadalajara, México, 1976). Es escritor y psicólogo. Sus novelas: Tristísima (Deauno.com, 2008) e Histérica y Adorada: Cuentos de Psicoanálisis en México (Deauno.com, 2007), además del libro de testimonios: Hombres de a Pie: Dos Chamanes del Occidente Mexicano, pueden ser consultadas en la página electrónica: www.amazon.com Su correo personal es: carneuro@yahoo.com.mx