Adan de Abajo

Desde la antiguedad los alquimistas intuían la presencia del OTRO YO, nombrándolo Adán de Abajo. El psicoanálisis más tarde lo bautizaría como Inconsciente.
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miércoles, 10 de octubre de 2012

CRISTÓBAL JODOROWSKY: SOBREVIVIR LA MUERTE DE UN ÁNGEL

                                                    CRISTÓBAL JODOROWSKY, EN SANTA SANGRE.



Cada uno es responsable del mundo en que quiere vivir

y decide cómo vivirlo, con milagro o con pesadilla, lúcido o dormido,

como un ser de negatividad o como un ser de reluciente magia.

Claro que la pesadilla es más fácil, puesto que ésta

nunca nos parece una creación nuestra

y no nos sentimos responsables.

 

(CRISTÓBAL JODOROWSKY –El Collar del Tigre)

 

 

Dedicado con muchísimo amor a mi hermano Rodolfo: tarotista, violinista,

cantante, compañero de charlas y caminatas,  queridísimo ángel, ya elevado.

 

 
1.    Sobrevivir la muerte de un ángel

“El tiempo de paz es cuando los hijos entierran a sus padres. El tiempo de guerra es cuando los padres entierran a los hijos”. Dice Cristóbal Jodorowsky, el hijo de Alejandro y de Valerie, en su libro: El Collar del Tigre. Mismo que se encuentra gratuito y disponible para su descarga en la web.

Es demasiado triste cuando la gente más vieja se ve obligada a enterrar a sus familiares jóvenes: cuando los hijos y los nietos fallecen a los diez y tantos de edad, a los veinte y poco más. O aún más jóvenes e inexpertos de la vida. Estos son los momentos de guerra, según Jodorowsky hijo.  Desde épocas muy antiguas no es lo esperado, empero, en un mundo antinatural, es lo natural, a veces. Ello indica que algo no está bien, sobre todo a nivel  del árbol genealógico y la estructura familiar. La gente que muere demasiado joven, sin haberse enamorado, o sin haber conocido casi nada, en ocasiones se encuentra poseída por el fantasma de un ancestro, repitiendo inconscientemente la biografía de un pariente lejano, quien también desapareció a temprana edad. Presumiblemente de la misma enfermedad o en un siniestro análogo al de su predecesor. De hecho casi todos nosotros nos encontramos poseídos por nuestros ancestros, dominados por voluntades que en realidad no nos pertenecen. Gastando nuestras energías en vivir la vida de otros. Aunque  soñemos ilusamente que nuestras decisiones son libres y nuestra visión del mundo única e irrebatible. De aquí que técnicas terapéuticas actuales como las Constelaciones Familiares, la Psicomagia, la Psicogenealogía y el Psicochamanismo, vayan dirigidos a la sanación del árbol genealógico.  Según estas perspectivas, a la vez novedosas y milenarias, el hombre sano, el iluminado, es aquel quien ha conseguido liberarse de las voces internas de sus padres y ancestros que lo controlan y que de ningún modo son suyas. Exorcizando a su verdadero Ser Esencial.

Sin formularlo conscientemente y sin proponérselo, los rituales de la magia y el chamanismo ancestral, en parte iban también dirigidos a la expulsión de demonios, a disolver maleficios y maldiciones familiares. Rescatar al iniciado de la influencia nociva de su familia y su sociedad, poniéndolo en el camino de sí mismo, de ser verdaderamente él. En esto consistía el despertar.

Si Alejandro Jodorowsky es el creador de la Psicomagia, Cristóbal, como buen hijo suyo, no sólo es un gran psicomago, sino que por su propia cuenta ha acuñado el Psicochamanismo. Es un moderno ciberchamán, un psychochaman, del mismo modo que Alan Moore y Grant Morrison: dos Merlines contemporáneos. Entendiendo a estos últimos, como herederos de toda una tradición muy antigua de curanderos, espiritistas, sanadores, artistas y actores de la sabiduría perenne, pero que hacen uso de la tecnología y otras herramientas de la vida actual: la música electrónica, el cómic, el cine, la Internet, la cibernética, los teléfonos móviles, etc. Para orquestar tanto sus actos de sanación y su arte, como para difundir su trabajo y obra. De hecho Cristóbal dedica varias horas a la semana de su tiempo para realizar consultas terapéuticas gratuitas en un foro virtual frente a una webcam.

Alejandro y Cristóbal Jodorowsky en algún punto de sus vidas debieron sobrevivir la muerte de un ángel.

Teo era el miembro más joven del clan  Jodorowsky. Tenía veinte y tantos de edad, era actor, boxeador y atleta. Se encontraba trabajando para una importante firma teatral en Europa, viviendo en unión libre con su novia. Cuando lo encontraron muerto de una sobredosis en su apartamento, su pareja llevaba un par de meses de embarazo, preñada con su simiente. Cuando menos les quedaría un ángel como recuerdo del primero.

Cristóbal se había ido hace más de un año para Chile a emprender una carrera como actor. Al enterarse de la muerte de su hermano más joven, quedó destruido.

Es difícil superar la muerte de un ser amado. Sin embargo, posee un grado de dificultad extra, cuando el ser amado era mucho más joven que los deudos, casi un niño. Un ángel en realidad. En aquel momento, el padre, Alejandro, se atormentaba y culpabilizaba a sí mismo hasta la muerte. Casi en todos nosotros resurgen añejos sentimientos de culpa en el momento del duelo afectivo, lo bueno y lo malo de nuestros recuerdos junto al ausente.

Tras varios meses de encierro y depresión, Cristóbal salió de su casa, dispuesto no sólo a asumir el dolor, sino a sanear de golpe y finalmente, su árbol genealógico enfermo, de donde provenía la causa de la muerte de su hermano. Proponiéndole a su padre un acto psicomágico definitivo para limpiar de una vez por todas la historia nociva de su familia. No estaba dispuesto a permitir que siguieran falleciendo injustamente ángeles, querubines y jesucristos entre sus parientes, debido a una genealogía enferma.

2.    Convertirse en ángel.

Mi hermano murió igualmente joven, a los 22. Tenía una habilidad nata para leer el Tarot y otra tanta para la música, también era un gran atleta y poseía una hermosa voz de bajo, se preparaba para ser cantante de ópera y violinista. Lo internaron debido a un tumor en los lóbulos frontales, sin cuestionarse si quiera un poco los médicos, acerca de la posibilidad de un tratamiento alternativo. El tumor no era cancerígeno en lo absoluto, pero los médicos, porque no eran doctores de ningún modo como en el sentido antiguo, ignoraban cualquier otra opción que no fuese la violenta intervención quirúrgica. Y lo operaron. Durante los catorce meses posteriores a la cirugía cerebral, que culminaron en su deceso ya inevitable, cada que lo visitaba en casa de mis padres y lo veía postrado en su cama eléctrica, siempre pensé en el libro de Lobsang Rampa: El Tercer Ojo. Si acaso aquella glándula calificada como anómala en su cerebro, no sería más bien parte de los poderes artísticos y espirituales que caracterizaron a mi hermano. Rampa dice que en la India y el Tíbet, los iniciados eran sometidos a una operación secreta, en donde se les injertaba una pequeña estaca de madera, precisamente en la frente, para estimular su visión del otro mundo y sus poderes psíquicos. Mi hermano Rodolfo había ido desarrollando con la ayuda de su guía espiritual, una poderosa intuición: era capaz de hacer parpadear las bombillas de luz y las lámparas tan sólo haciendo un esfuerzo de concentración mental. Tenía amplias facultades para conectarse con la Güija y para leer el Tarot. También se iba convirtiendo en un magistral cantante y violinista. Su Tercer Ojo fue visto bajo la luz del paradigma médico dominante, siempre como un intruso y como algo patológico. Así mismo, Rodolfo era homosexual, y en nuestro árbol genealógico al parecer hay una larga tradición de homosexuales, locos  y artistas incomprendidos. No era el primero que moriría siendo gay, artista marginal y de un tumor en el cerebro dentro de mi familia.
 
                                                                   CRISTÓBAL JODOROSKY EN SU ESTUDIO EN PARÍS.


Aprendí que el argumento médico siempre consiste en el miedo y en el terror con fines de control, para quebrantar y someter a las personas a su visión súper tomista y minúscula. Si no se hace lo que ellos prescriben, según ellos, sobrevendrá la muerte y el agravamiento de las enfermedades. Rodolfo murió de cualquier manera, a pesar que mis padres, atemorizados por las advertencias y amenazas de los cirujanos, hicieron al pie de la letra todo lo que se les indicó.

Observé que cuando menos en mi país, existía una siniestra complicidad entre el gremio de los médicos, los políticos, los clérigos y religiosos, para someter, quebrantar, adaptar y reeducar a los pocos individuos que se atrevían a ser distintos y emprender el camino de ser ellos mismos. Si el infierno había sido abolido por decreto papal en los años ochentas, el VIH y la homosexualidad serían los nuevos Avernos y demonios para castigar o perseguir a los que se atrevieran a vivir la totalidad de su ser: sexual, creativa y espiritual.

El Collar del Tigre de Cristóbal Jodorowsky, cayó en mis manos en el momento más intenso de mi duelo por la perdida de Rodolfo. A pesar de la tristeza y el enojo hacia mis familiares por haber permitido y sido cómplices inconscientes de su muerte, comprendí que al igual que Cristóbal, yo mismo debía emprender la tarea de sanación, perdón y armonía hacia todo mi árbol genealógico, de donde provenía la causa principal de la muerte de mi hermano: de la vergüenza por asumir el verdadero ser, el odio a la homosexualidad, a la sexualidad misma y debido al rechazo total hacia los artistas y los seres libres. En el fondo era un cáncer que no involucraba únicamente a mi familia, sino a toda una sociedad caníbal, represora, castrante y  doble moralista.

Lo esperado no es que los viejos entierren a sus hijos, como señalé arriba, citando a Cristóbal, sino que éstos lo hagan con los primeros. Hasta el ángel, enviado por Dios, detuvo la mano de Abraham antes de asesinar a su hijo por órdenes suyas en el Antiguo Testamento. Incluso es una obligación ética desobedecer a Dios, si éste ha ordenado un acto injusto y se encuentra de por medio la vida de un inocente o de un cordero. Y esto también se encuentra en la Biblia, sobre todo en los Evangelios.

Pero al igual que Teo, el hermano de Cristóbal, mi hermano se había convertido en un ángel, no sólo por su belleza física y espiritual, sino por el férreo y doloroso trabajo de haberse atrevido, en su corta vida, a ser él mismo, y de luchar contra lo que fuese, por tal de lograrlo. Hay quien en toda una vida, muchísimo más larga y estéril, no ha hecho ni siquiera un uno por ciento del trabajo y las decisiones que mi hermano asumió para convertirse en un ser auténtico.

Existe una tradición iniciática antigua, la cual indica que los ángeles no fueron creados por Dios mediante generación espontánea, sino que ellos se hicieron a sí mismos a través de un duro trabajo de perfeccionamiento y purificación. Acercándose gradualmente en cada reencarnación, a su amado Creador. En el Tarot, por ejemplo, la Carta denominada La Templanza, que corresponde al arcano número catorce, habla precisamente de alguien quien mediante un dificultoso trabajo de perfeccionamiento y sanación, se ha convertido en un ángel.

Transformarse en ángel es uno de los trabajos más difíciles, que puede conllevar el esfuerzo no sólo de una vida, sino de varias reencarnaciones más para purificar y templar la misma alma a lo largo de su larga peregrinación transmigratoria.

La finalidad de algunas tradiciones esotéricas muy viejas, consistía precisamente en preparar al hombre para la verdadera evolución y el abandono de su condición terrena, para convertirse en ángel. El estado actual del ser humano tal como lo conocemos, no es más que el posible principio de una vida mucho más amplia, plena y rica. Del mismo modo que la crisálida es la antecesora de la mariposa. Aquellos que nombramos ángeles, son el siguiente estadio de la verdadera evolución espiritual.

 Algunos seres como mi hermano, como Teo y como Cristóbal, se encuentran en ése camino. Enriqueciendo y nutriendo la vida de aquellos quienes tenemos el privilegio de haberlos conocido, coincidido en nuestras vidas o contactado con su obra.

3.    La muerte del Toro

Cristóbal casi se muere de miedo al coger la pistola eléctrica para matar reces, en aquel rastro de algún barrio en París. Había acudido expresamente para realizar un acto psicochamánico: asesinar de un golpe a un toro, con la ayuda de un antiguo compañero de escuela, carnicero y actor. La finalidad era recuperar metafóricamente su propia virilidad y resarcirse a sí mismo de las crueldades inconscientes de su padre hacia él durante la infancia, así como de todos los pecados cometidos por sus ancestros.

Previamente habló con el inocente animal, le pidió permiso para matarlo y comérselo, explicándole que la finalidad de todo ello era la curación de su árbol genealógico. Dice que entonces comprendió que en realidad no es malo matar a un animal para comérselo: había sido vegetariano casi toda su vida.

Al accionar el gatillo y ver desplomarse la bestia, estuvo cerca del desmayo. Una vez muerto se dio un baño con su sangre, cortó sus testículos para realizar una ceremonia. Los cocinaría para su padre y los comería junto con él, asumiendo en nombre de todos sus ancestros, una virilidad espiritual sin precedentes y un respeto por todos los seres que le antecedieron. Era un poderoso y efectivo acto terapéutico y teatral.

            Al terminar de escribir las últimas frases de este trabajo, también yo medito y envío desde mi corazón, las mejores energías y rayos de amor para mi hermano Rodolfo, para mis padres, tíos, abuelos y todos aquellos quienes estuvieron antes que yo. Trabajando cada día por purificar  mi árbol genealógico, esforzándome con todo mi ser para que tampoco vuelva haber ángeles, querubines, serafines ni jesucristos, desaparecidos o asesinados prematuramente dentro de mi propio clan.

lunes, 29 de agosto de 2011

PERRO CIEGO

                                                                León, nuestro perro pastor belga. (Foto: Aurora R. P)






Dedicado con muchísimo cariño para mi perrita Unechi:
chihuahueña fiel y hermosa, a  quien una vez yo salvé del parvovirus.
Ahora muerta recientemente
bajo la impía picadura de un alacrán.
Sintiendo hoy y siempre, que permaneceremos hasta la eternidad,
ligados a todos los perros que nos han tenido.



1
No lo bautizamos “León” en homenaje a ningún vocalista de famélica voz, líder de alguna insigne banda mexicana de moda. Sino en honor a Leónidas: el emperador espartano quien se batió contra a un ejército persa cien veces más grande que sus 300 mejores hombres, que lo seguirían hasta la muerte.
“El hijo de León”, significa su nombre; descendiente de Hércules, según cuenta Heródoto, ensalzando su linaje.  El mismo historiador griego comenta que el monarca fue el último de sus 300 en morir, sin cesar en ningún instante de blandir su espada contra los enemigos persas. Cayendo uno a uno los griegos, abatidos por el fuego de las saetas del emperador oriental Jerjes. No sin antes haberlos rechazado un sinnúmero de veces y arrojado a la mayor parte de las fuerzas invasores a los abismos de las Termopilas.
No lo escogimos nosotros a él, sino que al aproximarnos a la camada de pastores recién nacidos, aquel cachorro ciego fue quien nos eligió a nosotros. Originalmente queríamos una hembra que se adaptara a las otras dos perras que ya teníamos en casa: una pastora alemán y otra cocker. Pretendíamos evitar la responsabilidad excesiva que implica el apareamiento de los animales en las casas, la reproducción y sobrepoblación de canes en la ciudad. Pero aquel macho se desembarazó por iniciativa propia de sus hermanos para recibirnos, aunque no podía vernos de ningún modo. Pero nos sentía y nos olía, y nos eligió ineludiblemente él, corriendo hacia nosotros sin conocernos aún.
Después que lo abrazamos aquella primera ocasión, no pudimos separarnos ya de él. Aunque ahora pesa casi cuarenta kilos y resulta imposible cargarlo, pues puede derribar a cualquiera con un intempestivo saludo de alegría y amor cuando se arroja encima de uno y comienza a lamer.
Pocos perros he conocido tan cariñosos como él.
Todos los cachorros de aquella camada nacieron ciegos por consanguinidad. Al parecer se acoplaron entre primos y luego entre padres e hijos, sus propios progenitores, por lo que León y sus hermanos nacieron sin globos oculares.
En lugar de ojos, mi perro tiene unos diminutos cuencos, que no dejan de resultar expresivos y amorosos a pesar de todo, y unas singulares membranas color marrón que mueve de cualquier manera, conforme cambian sus estados de ánimo: desde la alegría más explosiva al “vernos”, hasta la sumisión y el miedo ante Gris: la pastora alemán quien es la líder indiscutible de la manada que cohabita con nosotros en nuestro patio. La cual es capaz de someterlo y arrebatarle por derecho jerárquico sus huesos, a pesar de que él es mucho más grande y pesado que ella. Haciéndolo chillar y revolcándolo cuando se niega a obedecerla y apechugar ante su liderazgo. En cierto modo, aunque domesticados desde hace miles de años, los canes continúan comportándose bastante instintivamente, como los lobos y los perros salvajes.
Siento a mis perros mucho más éticos en su comportamiento, más estéticos espiritualmente  hablando y bastante más respetuosos de las leyes naturales, más leales y sinceros que la mayor parte de las personas a quienes conozco. Últimamente he caído en la cuenta que realmente, como reza el dicho popular, ahora sí son mis mejores amigos.
Alguna vez un connotado filósofo anunció que mientras más conocía a los hombres, más amaba a sus perros.
2
Durante los primeros siete meses de su vida, León no toleró por ningún motivo que se le pusiera el collar del castigo, ni la correa de entrenamiento, para enseñarlo a caminar por la calle. Cuando salíamos con las otras dos perras adultas, a pesar de no haber dejado nunca que le echáramos encima la cadena, se quedaba llorando solo en el patio. Lamentándose de no poder ir con nosotros, aunque se moría de miedo ante el collar de castigo.
León es igual de valiente que el monarca espartano. Cuando yo lo regaño por alguna travesura, no deja de enseñar los dientes y gruñir levemente, aunque no se atrevería a morder a nadie. Tiene un carácter fuerte por naturaleza. Y me lo demostró en los últimos tiempos aún más.
Poco a poco comencé a aproximarle el collar, de manera que se familiarizara con él. Tardé más de cuatro meses en lograr que perdiera el miedo al metal y a la cadena. Cuando logré colocárselo, el trabajo se complicó aún más, pues León se negaba a caminar y se dejaba arrastrar cuando se le tiraba de la cadena. Dejando caer todo su enorme peso por temor todavía a la correa.
En un esfuerzo verdaderamente sobrehumano de paciencia y psicología animal, ofreciéndole premios cuando daba algunos pasitos dubitativos con la correa, alentándolo, acariciándolo, hablándole (porque los perros entienden muy bien el lenguaje humano), logré que comenzara a caminar a mi lado con su cadena de poco en poco. Y creo que no sólo él, sino principalmente yo junto con él, salimos de un fuerte atolladero emocional en que ambos nos encontrábamos hasta cuando León logró caminar a mi lado. León debido a sus miedos y yo a mi incapacidad de establecer un lazo emocional profundo con él.
La conclusión que saqué en estos días al respecto, fue que no sólo yo lo enseñé, sino que verdaderamente él me enseñó demasiado a mí sobre el control de mi propio cuerpo y el manejo de mi lenguaje emocional. Porque los perros no entienden de racionalizaciones ni elucubraciones mentales, menos aún de masturbaciones teóricas ni mamadas conceptuales. Respetan sencillamente a quien tiene el poder por sobre sus propias emociones y su cuerpo, se inclinan ante quien es dueño de sí mismo, o desprecian sin piedad y se burlan de quien sólo está constituido por un ego burdo e ingenuo, separado sin remedio de su corporeidad.
León se esforzó mucho por salir del estancamiento en que vivía, siendo ya un perro casi adulto que no podía caminar como los otros con su cadena: ciego y abandonado en el patio debido a sus miedos y a su presunta “discapacidad”. Se esforzó tanto durante nuestro trabajo, que me motivó a mí muchísimo más para ayudarlo, enseñarlo y quererlo.
El lazo entre nosotros se acrecentó conforme él daba pasos a mi lado con su collar y yo aprendía de él a ser cada vez más paciente y a controlar mi lenguaje emocional y corporal.
3
A pesar de ser ciego, León puede hoy caminar como cualquier animal con su amo, siempre y cuando yo lo guíe con ciertas precauciones para que no se golpee en los lugares que desconoce, en los postes de luz o las banquetas al cruzar la calle. La gente nunca notaría que es ciego. Sencillamente ven a aquel hermoso e imponente pastor belga y se hacen rápido a un lado, cuando nos ven pasar juntos, en compañía de Gris, la pastora alemán. Custodiado yo, amorosamente por mis dos perros grandes en cada costado.
Recientemente murió Unechi, una perra chihuahuita a quien yo amaba muchísimo y a quien arrebaté del parvovirus cuando apenas tenía tres meses. No la quise traer junto con los otros a la casa, para no separarla de una cohesionada manada de chihuahuas y huskys siberianos de quienes ella era parte indisoluble. Ellos viven con mis padres y me acompañaron durante mi vida de soltero, quedándose en la casa materna cuando yo pasé a otra etapa de mi vida.
He llorado y me he lamentado a lo largo de mi vida por muchos perros: callejeros, mestizos, solovinos, sanbernardos, chihuahuas, rotweillers, dóbermans…. Enanos, medianos, gigantes. Adoptados, comprados, recogidos en la calle, bienvenidos todos...
Desde un punto de vista espiritual, León no está ciego de ningún modo, ni Unechi, la chihuahua, ni ninguno de mis anteriores perros ha dejado de estar a mi lado, aunque hayan partido físicamente.
El día que me toque a mí morir y transitar hacia otro plano, rezo por no ser recibido del otro lado por ningún familiar humano, ni supuesto amigo ni conocido que camine en dos pies. Sino por lo contrario, pido con todas mis fuerzas más que nada, ser custodiado y acompañado hacia el vacío final y los brazos de la muerte esperada, por un séquito cuadrúpedo conformado por todos los perros a quienes he amado y amaré en esta vida.

miércoles, 19 de enero de 2011

CRÍPTICO ANIMAL


CRÍPTICO ANIMAL

1.

En primer lugar decían,
tratábase de un dinosaurio
sobreviviente de añejas eras.

Científicos se pronunciaron
a favor de la hipótesis
de una gigantesca ave prehistórica.

No conocían más que sus huellas
pero lo bautizaron
como el mokelembembe.

Acudieron expertos, especialistas,
criptozoólogos.

Y una tribu ansiosa de pigmeos
excitada con la promesa
de cobrar su peso en oro
a cambio del animal capturado.

2.

Cavaron fosas, erigieron empalizadas
e instalaron trampas para osos.

El saurio emergió por fin
de su guarida en el fondo
de un prehistórico pantano.

Era un macho anciano, viudo y huérfano,
sin amigos ni hermanos:
único sobreviviente de su especie.

Fue a ensartarse sobre afiladas estacas
de una empalizada aborigen
donde quedó
atrapado y moribundo.

No lo mataron hecatombes,
ni holocaustos ni hambrunas,
ni el frío, ni el hielo
de caóticas eras.

Ni el fin de ningún mundo
ya perdido.

Sino el tiro de gracia
de un lord inglés
y los arpones desesperados
de indígenas sin patria.


3.

Comieron su carne
y brindaron con vino
para celebrar la cacería.

Fue abierto, descuartizado
y asados sus músculos.

Pero los pigmeos jamás cobrarían su recompensa
ni los expertos regresarían nunca
al Viejo Continente.

Veinte años después
serían encontrados los restos de todos
por otros expedicionarios en busca
del mismo mítico animal.

Pronto se sabría
que el mokelembembe llevaba
una extraña bacteria en sus órganos internos
y algunos mortíferos microbios,

quines tras ser ingeridos
devoraron las entrañas
de sus necios captores.

Fue la revancha final
del último dinosaurio.

La venganza del mokelembembe.