Adan de Abajo

Desde la antiguedad los alquimistas intuían la presencia del OTRO YO, nombrándolo Adán de Abajo. El psicoanálisis más tarde lo bautizaría como Inconsciente.
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jueves, 21 de julio de 2016

Krishnamurti: La Muerte del Observador





1

Casi siempre sus escuchas y seguidores eran extranjeros, más que nada de origen europeo o norteamericano, los menos consistían en orientales de castas elevadas y clase social alta. Principalmente indios, nepalíes, chinos y sirios provenientes de familias acomodadas.

Ese verano lo pasó en el norte de la India, en un valle empobrecido donde se elevaban penosamente una serie de chozas de campesinos demasiado humildes: criadores de búfalos, cultivadores de arroz e índigo.

A pesar de su austeridad y de lo famélico de sus habitantes, la belleza de los bosques y campos en derredor era fastuosa.

En el centro del valle, al pie de unas montañas bellísimas, se erigía una escuela para niños y adolescentes sustentada por una fundación que llevaba su nombre. Tal como él lo señalara al inicio de sus charlas ese día, hace más de cincuenta años que  visitaba aquel lugar, desde mucho antes de convertirse en un popular orador de  nivel mundial, guía espiritual y maestro. Cuando era apenas un pre-púber  de clase baja que jugaba en las playas y bosques de la India sin preocuparse por nada. 

Poco antes que los miembros europeos de la Sociedad Teosófica lo encontraran vagando en la costa y creyeran ver en su presencia infantil, la reencarnación del nuevo mesías.

 No pasaría mucho antes de que los decepcionara, disolviendo aquella pretensiosa sociedad, donando sus cuentas bancarias a las familias más necesitadas de India y dedicándose para siempre a la reflexión independiente y a la prédica por completo libre de todo credo, iglesia o institución. Decisión que lo convertiría en uno de los personajes a la vez más peligrosos e influyentes del siglo XX. Como él mismo lo señalara: no existe peor enemigo del sistema que aquel que no necesita del propio sistema: quien ha conquistado su libertad interior.

Pero hoy su público constaba principalmente de niños indios, tibetanos y nepalíes, algunos que otros occidentales, asistentes diarios de la escuela fundada bajo su nombre y enseñanzas.
Causaba un fuerte contraste contemplar a los estudiantes bien alimentados y de buen color, aunque también indios en su mayoría, quienes contaban con el privilegio de recibir una buena educación inspirada en la filosofía de vida del maestro que hoy les hablaba, además de sus infaltables tres comidas. En comparación con los escuálidos campesinos, quienes se afanaban desesperados por conseguir el sustento diario para su familia.

Aquella escuela en el Norte de la India estaba financiada con presupuesto de la ONU y de diversas organizaciones europeas sin fines de lucro. Krishnamurti viajaba periódicamente desde su casa en el Desierto de Mojave, en los Estados Unidos, hasta su natal India para dictar conferencias regulares a estudiantes y docentes. Cerciorándose  que en verdad se alentara en aquella institución, no sólo el desarrollo del intelecto, sino el de un espíritu sano, criado en la tolerancia, la sencillez y la pureza interior.

2

Aquella mañana uno de los más jóvenes asistentes lo increpó, sin ningún temor, con una sola pregunta de lo más directa:
“¿Porqué queremos vivir…?”

Su interlocutor tenía apenas seis años.

El resto de los estudiantes y docentes estallaron en risas, mofándose de la candidez del chico, pero molestando sobremanera al maestro con sus burlas.

Este tipo de preguntas que no buscaban darle vuelta al asunto principal y que no se perdían en laberintos ni pretendían ensalzar un ego falso, carentes de toda malicia y presunción, eran las que más gustaban a Krishnamurti. Por ello confrontó al resto de su público, rescatando y valorando en justa medida la intervención del niño.

Le dolía muchísimo que un niño tan pequeño, casi un bebé, se preguntara la razón por la que los hombres quieren vivir. Si alguien hacía esa pregunta, señaló Krishnamurti a sus numerosos escuchas, sobre todo de acuerdo a su corta edad, era porque ya desde entonces le parecía que la sociedad mostraba a sus miembros más jóvenes sus lados más bestiales y monstruosos. Que un niño tan pequeño percibiera el sinsentido de la vida era una cuestión grave, de suma preocupación.

Otros niños lanzaron entonces nuevas preguntas:

“¿Cómo puede acabarse con la violencia, la guerra y los males del mundo…?”

Pregunto ahora otro, unos dos años mayor que el primero.

“Debe eliminar la violencia y el mal que hay en usted mismo. Uno no puede arreglar el mundo ni a los otros si no se ha vuelto él mismo un ser realmente pacífico en primer lugar…”

Respondió Krishnamurti.

Ahí estaba gran parte del núcleo de sus enseñanzas. No era posible buscar ningún cambio en lo exterior, ni político, ni religioso, ni revolución social alguna,  mientras no se procurara un cambio interior primero. Es lo más fácil voltear hacia los males externos, los errores de la sociedad y de los otros. Señalar las desviaciones y vicios de los demás. Lo más arduo y difícil es acceder hacia el interior de uno mismo y erigir un orden interno. Percatándose de las propias bajezas, asumiendo las contradicciones con el corazón. Empero, sin esta calma y paz personales previas, no es posible pensar si quiera en un mundo distinto.

Sin la revolución interior, todos los cambios y movimientos sociales estarían destinados a fracasar o convertirse en potencialmente más nocivos que los regímenes u órdenes viejos a los cuales pretendían desbancar para imponerse.

3

Krishnamurti recomendaba en primer lugar ser capaz de borrar al Yo, al Observador incesante del Ego, que lo analiza, reflexiona y categoriza todo de manera sistemática. ¿Es posible eliminar al Observador imparable que vive dentro de nosotros? Se pregunta el maestro indio.

Cuando somos capaces de perdernos y dejarnos absorber por nuestras actividades más sencillas y 
vivificantes: descansar en un jardín, contemplar la tarde, escribir, cantar, dibujar, acariciar a otro ser: sea animal o humano. Sin estar más que simplemente realizándolas, olvidándose del Ego analítico, del Observador, fusionándose sencillamente con las cosas del mundo, sus sucesos y fenómenos. Entonces se capta algo fundamental de la existencia: la no diferencia entre nosotros y el mundo.  Entonces se está bastante cerca de experimentar aquello que se conoce como la verdad, dios o lo que sea que está más allá de lo personal.

4

Cuando llegó la tarde, a la hora de comer, el maestro se sintió algo acongojado y triste. Pensó en todos aquellos jóvenes, niños y entusiastas profesores antes de despedirse y mirarlos por última vez ese día. ¿Cuántos de ellos no perderían su ánimo y vitalidad en breve tiempo, cuántos no eran ya ancianos por dentro, a pesar de contar apenas con poca edad, debido a la ambición de éxito, a la búsqueda de reconocimiento y ascenso social, a la cual contribuían los sistemas educativos tradicionales con su adoctrinamiento?

Alguien le hizo una última pregunta, muy certera y precisa, bastante ad hoc con sus últimas y silenciosas reflexiones. Era una niña:

“ ¿Porqué tememos la muerte…?”

“Tememos a la muerte física, porque en el fondo nos aterra la muerte del Ego, que es el fin del dejar de pensar. Si pudiésemos silenciar al observador o al Ego, no temeríamos la muerte, porque conoceríamos desde antes la eternidad… Veríamos que la muerte no existe…”

Respondió el maestro, sereno.

Al finalizar la última sesión de preguntas, los chicos corrieron porque era la hora de la comida. Olvidándose de sus enseñanzas por el momento.


Krishnamurti contempló las montañas y los bosques que rodeaban la escuela. Un silencio sin nombre lo regocijó, siendo su principal alimento de aquel día. 

martes, 27 de enero de 2015

LOS SIGNOS DEL ZODIACO Y ALGUNOS ARCANOS MAYORES DEL TAROT






Hay todavía una emanación del Sol más atenuada.
Se nos presenta esta como la Luz Zodiacal,
un débil resplandor que se proyecta
desde aquel a la lejanía…
La Luz Zodiacal evidentemente representa
 una nube de forma de lente
de alguna materia muy rarificada,
que aparece como una segunda aura
o aura exterior del Sol
que se extiende hasta tan lejos
que alcanza la órbita de la Tierra.

(RODNEY COLLIN –El Desarrollo de la Luz)


A mi amigo Javier de la Torre, quien me introdujo en la Astrología.


1.  De los primeros pasos en el Tarot, hacia la Numerología y después a los Contenidos Astrológicos de los Arcanos

Aprendí a leer el Tarot desde los 22 años de edad. Nunca tomé curso alguno, además de los innumerables libros y artículos electrónicos asimilados con la finalidad de profundizar en su historia y el significado de cada carta. Desde entonces no he dejado de interpretarlo, tirar sus cartas y enseñar a otros a manejarlo. El Tarot es un maestro que te  enseña cada día cosas nuevas, produciendo una experiencia íntima que permite avanzar en niveles profundos de significación de las imágenes, a partir del progreso en el conocimiento de uno mismo. Imagino que una experiencia semejante deben sentir quienes dedican su vida completa al estudio de la Kabalah, de antiguos sistemas de Magia Ancestral, o de las escrituras del Nuevo Testamento, pues todos ellos, incluyendo el Tarot, constituyen Libros Sagrados, es decir textos que prácticamente se encuentran vivos y dialogan, cobran vida, realizan nuevos planteamientos cada vez a quienes se dedican con devoción a ellos. Cuyo estudio no finaliza jamás.

El primer Tarot que tuve en mis manos fue un Rider White, producido por un sabio inglés  y una de sus alumnas más allegadas a finales del siglo XIX. Este mazo de cartas fue popularizado enormemente en los Estados Unidos por la New Age y la moda Hippie de finales de los sesenta e inicios de los setentas. Sus miembros experimentaban con drogas psicodélicas, arte, yoga y algunas disciplinas esotéricas como el Tarot, las Runas, el I Chin. Suerte semejante tuvo la astrología, de la cual se hablará en seguida, quien vivió un proceso de enorme popularización junto con el Tarot luego de la oleada hippie y los movimientos orientalistas y psicológicos en Norteamérica, sobre todo en ciertos sectores de Palo Alto California, desde donde se extendió hacia el resto de la Unión Americana. Después por toda América Latina.

A tal grado fue popularizado el Tarot de White en esos años, que en la actualidad, para una inmensa mayoría de personas y del imaginario colectivo, el único modelo genérico de Tarot es el de Rider White.

El Rider fluyó en mis manos desde los primeros días y me permitió desarrollar la habilidad de manejar las cartas y entender sus símbolos casi de inmediato, como si lo supiera de antemano.

Siempre recomiendo a quien se va a iniciar en el conocimiento del Tarot  o a quien no tiene antecedentes previos en él, comenzar primero con el estudio del White, antes de pretender sumergirse en otros tipos diferentes de mazos. Debido a su sencillez y a la explicitud de sus símbolos. Los cuales prácticamente le indican por sí solos al aprendiz, la dirección de la lectura y sus contenidos.

Durante 10 años el Tarot White fue mi instrumento de trabajo, mi confidente, a veces mi único amigo.

Luego surgió mi interés en el valor psicológico y secreto de los números. El Tarot Rider White no daba para más: su concepción numerológica es demasiado pobre. Se había terminado con él una etapa importante de mi vida, entre los 20 y los treinta y un años de edad. El Tarot White posee una limitada concepción numerológica, aunque algunos de sus defensores, pues hay quien toda su vida trabaja con él, sostengan lo contrario. Números como el 5, 6, 8, 9 son abiertamente negativos en el antiguo sistema en que se basa su cronología. Lo cual constituye más bien un prejuicio conceptual e incluso sexista por parte de sus estudiosos. Una visión muy machista, en detrimento de la energía femenina que tanto hombres como mujeres poseemos es la que rige el valor numérico de sus cartas. Probablemente porque los principales especialistas de la Golden Dawn, a dónde pertenecía White, eran varones.

Entonces llegó a mis manos el Marsella y un nuevo lenguaje para entender los rostros y las miradas se abrió. También con los números, pues el Marsella le brinda el valor justo a números que son francamente femeninos como el 5, el 8 y el 10.
Cuatro años de trabajo con el Marsella, que aún me sigue pareciendo un gran maestro que puede enseñar bastante, y llegué al Tarot de Toth, creado por Alesiter Crowley, el cual le brinda bastante énfasis a los números cinco, a los Caballeros y a las Reinas. Pero sobre todo a los aspectos astrológicos del Tarot.

De tanto darle al Toth, en los últimos meses del 2014 comencé a sentir un interés mayor en la Astrología en los últimos tiempos. Jamás había prestado demasiada atención a los signos del Zodiaco.

La astrología es sumamente antigua, sus orígenes se pierden en los imperios más antiguos de la humanidad: sumerios, persas, mayas, chinos.  Durante la inquisición fue prohibida y desapareció prácticamente de Europa, para luego ser reintroducida en el Renacimiento por algunos sabios como Paracelso, Giordano Bruno, Eliphas Levi, etc.

2.  Correspondencias psicológicas y simbólicas de los signos del Zodiaco y algunos Arcanos del Tarot

Desde los más antiguos interpretes del Tarot se había observado correspondencias indiscutibles entre el sistema de la astrología y algunos de los arcanos del Tarot, si no es que la mayoría de ellos. Particularmente, con los arcanos mayores del Tarot existe un paralelismo indudable, sobre todo entre los signos del Zodiaco y algunos de sus símbolos. Otros de ellos, de los que no hablaremos hoy ni en este espacio corresponden también con el lenguaje de la Astrología pero particularmente están relacionados con los planetas: el Sol, la Luna, etc.

A continuación presentamos la correspondencia entre los 12 signos zodiacales y algunos arcanos mayores, para los interesados:
1.    Aires=El Emperador: Autoridad Espiritual, Equilibrio Mental, Liderazgo, Dominio del Mundo Material y Económico
2.    Tauro=El Papa: Abridor de Puertas para Sí mismo y otros, puertas del mundo material y 
espiritual. Es un Guía Espiritual, un Chamán, equilibrio entre materia y espíritu.
3.    Géminis=Los Enamorados: Autoconocimiento, Auto-amor, Gran Intelecto, Viajero, interior y externo. Reconciliador consigo mismo
4.    Cáncer=La Luna: Muy Emocional, Tradicionalista, Fecundidad. Tranquilo, Espera con paciencia.
5.    Leo=La Fuerza: Autocontrol, Equilibrio Mente-Cuerpo, dominio del Animal Interior, Superador de Grandes Obstáculos con éxito
6.    Virgo=El Ermitaño: Introspección, Cierra Ciclos internos, rompe con el pasado, cierra puertas, ayuda a otros a cerrarlas, sana el pasado. Racional.
7.    Libra=La Justicia: Comunicadores a más no poder, saca por medio de la palabra todo lo interno.
8.    Escorpio=La Muerte: Emociones intensas, barre todo lo que no sirve, prepara el terreno para los cambios.
9.    Sagitario:=La Templanza: Armonización y Equilibrio de fuerzas, a veces opuestas, horizontes lejanos, filosóficos y estudiosos.
10. Capricornio=El Diablo: Profesional, responsable, se deja llevar por las apariencias, leal, cariñoso, arriesgado, rebelde.
11. Acuario=La Estrella: Humanitario, tranquilo, sereno, emocional

12. Piscis=El Colgado: Sacrificio, arriesgado, tiene una meta a largo plazo y sabe que la conseguirá.

martes, 30 de septiembre de 2014

EL AUTOMAESTRO: Brujos, Curanderos y Sanadores Cosmopolitas





El amor conquista el mundo y todos sus temores,
cuitas y ansiedades.
Habla de algo que puede ser despertado en nosotros
y que es más fuerte que toda otra cosa en la vida.
Habla de algo que invierte los signos en nosotros
y lo hace de tal modo que lo que era activo
se vuelve pasivo y lo que era pasivo se vuelve activo.
Un hombre debe experimentar una inversión  dentro de sí
para que su Esencia se vuelva poderosa.

MAURICE NICOLL –Comentarios Psicológicos sobre las Enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky Vol. 2)


1.  Plantas de Café en la Rivera de Chapala

Lo primero que nos sale al paso en su casa es el olor del desayuno que ya está listo. Nos desmañanamos tomando el autobús de las 7:00 am en la Central Vieja para llegar a la hora de nuestra cita. Son las 9:30 y nuestros estómagos nos reprochan con gemidos la ausencia y el vacío infame de la mañana. La combinación de la canela con el café, conforma un aroma muy atrayente que se distingue desde media cuadra de distancia. Ella lo sirve con un chorrito de leche condensada y azúcar mascabado. Nuestras glándulas segregan saliva nada más al pensarlo, anhelantes. Ya casi no podemos esperar.

Nos acordamos cuando Enedina nos platicó que se trajo su primera mata de café de Chiapas, hace diez años, envuelta en periódicos y abrazada en el camión desde San Cristóbal de las Casas. Después vivir casi medio año y estudiar con don Lauro: un chamán muy famoso, aprendiendo el Masaje con Piedras y la Acupuntura Mexicana. Ahora ya tiene más de ciento ochenta plantas en su jardín, en plena Rivera del Lago de Chapala. El café que obtiene de ellas es para el autoconsumo de su restaurante, aunque siempre queda algún kilito de tostado artesanal para sus familiares o amigos.

“Hoy tenemos costillitas en chile pasilla, bistec a la mexicana, carne asada, frijolitos y torta de huevo con salsa de tomate…”

Nos dice Enedina al recibirnos sonriente en el zaguán de la entrada de su casa, donde atiende a sus clientes, ofreciéndonos su mano delgada y fina. Nos decidimos por la opción de costillas con la obligada porción de Frijoles de Boda. Alguna vez nos explicó ella que en la mayoría de los pueblos de la Rivera les llaman Frijoles de Boda,  porque cuando los fríen con manteca, les revuelven salsa de birria para darles más sabor. Resultan tan sabrosos que hay quienes sólo piden frijoles para el almuerzo, y no andan nada equivocados.

Su nuera: Cristy, una morena gordísima y de sonrisa bondadosa, quien se encarga de tortear, nos saluda también y promete mandarnos una generosa dotación de “calientitas”.
En las pequeñas mesas de madera ya hay instalados bastantes comensales de la más diversa ralea: pescadores, jornaleros, albañiles, burócratas, profesores y muchos empleados de la Comisión Federal de Electricidad. Al mirarlos echar el diente a una tortilla con frijoles y huevo con chile o de pancita en salsa verde, una de sus especialidades, nos acordamos también del esposo de Enedina, quien trabajaba en la Comisión.

Hace casi treinta años que Enedina enviudó, su marido reparaba unas instalaciones de alto voltaje en Mezcala cuando  resbaló de una de las más altas  y peligrosas torres. Quedó agarrado por la pierna de un cable, rostizándose. Su cuerpo permaneció colgado toda la noche, recibiendo descargas fortísimas de la corriente eléctrica con la que alimentaban la zona entera del Lago. Lo encontraron hasta el día siguiente, achicharrado e irreconocible.

Enedina dice que la experiencia de identificar su cadáver carbonizado fue la cosa más espantosa que haya vivido. Sus niños estaban muy pequeños cuando todo eso pasó. Ella nunca trabajó antes, fue muy consentida desde niña, primero por sus padres y luego por su marido, quien la adoraba y siempre se esforzó para que nada le faltara. La experiencia, según sus palabras, casi la vuelve loca. Duró casi tres años en una depresión profunda. Pero también fue la oportunidad para descubrir, una vez sorteada la crisis, su misión en la vida: sus dotes como cocinera y sanadora.

2. La Discípula de la Húngara

A las doce del día, luego del desayuno, nos reunimos sus alumnos de Masaje, Herbolaria y Acupuntura. Enedina enseña la Acupuntura Mexicana, la cual todavía no es tan conocida. Ella dice que don Lauro, su Maestro, les explicaba que los pueblos mayas y toltecas la practicaban desde la misma época que los chinos. Con ella curaban y atacaban casi cualquier enfermedad. Enedina no utiliza agujas, como en la técnica oriental, sino punzones de madera, jade, obsidiana o cuarzo de distinto calibre. Luego de dar un masaje con sus dedos por las partes principales del cuello, cráneo, espala, brazos y coxis, relajando al paciente, oprime con sus punzones cuidadosamente diversas áreas de los huesos y músculos, las cuales corresponden a los distintos órganos internos del cuerpo: hígado, riñones, páncreas, vaso, etc.

Somos cerca de doce personas, que nos reunimos una vez al mes, en una sesión de todo el día. Hay gente que viene desde la Ciudad de México, exclusivamente para estudiar la técnica que ella enseña. Entre sus alumnos nos encontramos psicólogos, médicos internistas, terapeutas físicos, tanatólogos, psiquiatras, gente común que viene a aprender, etc.

Enedina no cobra una cuota definida por sus clases, dice que la cooperación es voluntaria:
“Lo que quieran darme, lo que gusten…”

Tampoco tiene un costo fijo por sus terapias, masajes y limpias. Hay quienes damos cien pesos, de acuerdo a nuestras posibilidades, aunque percibimos que debe haber quien le paga por su cuenta hasta más de mil.

Se nos ocurre pensar que su casa se sostiene con las ventas de su restaurante, que tampoco es caro: los desayunos cuestan 30 pesos e incluyen café y frijoles con refile y todas las tortillas que se pueda comer. Sabemos también que a mucha gente no le cobra por sanarla y realizarle limpiezas energéticas. A nosotros nos alivió de un dolor lumbar que según algunos especialistas, requería intervención quirúrgica. Nos acordamos siempre de la manera tan delicada en que sus dedos suaves nos aflojaban los músculos de la cara y el cráneo, para luego lancear los meridianos de los brazos, plantas de los pies y hombros con unos punzones de jade que le trajeron de Guatemala. Tras cuatro sesiones de terapia no volvimos a sentir jamás molestias de ningún tipo.

Los gringos la buscan para que los cure porque sabe hablar bien el inglés. Enedina es muy discreta y jamás presume de sus conocimientos de medicina tradicional ni idiomas, aunque sabemos que viene gente del extranjero sólo para tratarse con ella:

“…A mí me enseñó a leer el café una húngara cuando yo era muy niña. -Nos platica en esta ocasión-. Me dijo que si yo la enseñaba a tejer con gancho y agujas, ella me enseñaría a leer los restos del café. La señora era del Líbano, no hablaba muy bien español, pero también sabía leer las cartas y usar el péndulo para curar y hacerle consultas, duramos casi dos años enseñándonos mutuamente. Desde entonces comencé a interesarme por todos estos rollos…”

Al mismo tiempo que habla, narrándonos fragmentos de su vida, se encuentra insertando semillas de caléndula en la oreja de un voluntario, para mostrarnos la técnica de auriculoterapia utilizada por los toltecas desde tiempos inmemoriales.

3.  El Automaestro



Un joven chamán en potencia
empieza por ser considerado en la comunidad como un “enfermo”,
atrapado en una abrumadora crisis psicológica
que se expresa en una profunda confusión mental
e incluso en enfermedad física.
Si se puede curar, entonces puede ser un chamán…;
enloquecer o morir. Sus opciones son limitadas.

(SHELDOM B. KOPP –Gurú, Metáforas de un Psicoterapeuta)



A don Joaco lo conocimos por Enedina. Ella nos mandó con él, nos contó que fue su maestro de Tarot y de otras técnicas de magia y medicina ancestral. Llegamos la primera vez por una consulta de cartas y una limpia. Desde entonces no hemos dejado de venir cuando menos dos veces al mes a visitarlo y estudiar con él.

Un autobús suburbano nos lleva a lo largo del todo el Periférico Sur de la Ciudad, hasta la parte donde el camino está más descuidado y la placa del pavimento necesita mayor mantenimiento. Es un poblado pobre y echado en el olvido, ya casi nadie habla de él más que para mencionar sus malas noticias. Anteriormente era un rancho muy famoso por su Viacrucis y sus fiestas patronales, aunque éstas casi se perdieron con el paso de los años y la intromisión de las costumbres urbanas.

La pequeña comunidad prácticamente fue absorbida por el crecimiento impío de la ciudad, más allá del periférico. Muchos fuereños llegaron a vivir alrededor y transformaron forzosamente la vida cotidiana de la gente con sus costumbres nuevas, no necesariamente positivas. Abundan la drogadicción, el alcoholismo y los asaltos. Una pequeña sociedad que antes presumía de ser muy comprometida con sus celebraciones de Semana Santa, la Bendición de los Animales y las Pastorelas de Diciembre. Ahora se encuentra casi en vías de extensión.

Atravesamos, no sin tomar ciertas previsiones, la Plaza Principal con su kiosco oxidado y basuriento. Después de las 6 de la tarde ya no es tan seguro transitar para los que no somos de por allí.

Caminamos hasta la última calle, la cual lleva a las afueras del pueblo, donde comienza el Río, que antaño proveía de carpas tilapias, bagres, culebras, ranas, salamandras, tortugas y patos para la dieta de los lugareños. Antiguamente su remanso surtía de agua potable buena parte de dos municipios del Oriente de la Ciudad. Hoy está completamente contaminado por las empresas cercanas y las colonias nuevas de interés social, que desaguan su pestilencia sobre él. Ya no vive nada en su lecho, más que peligrosas larvas de moscos, cucarachas de agua y otras sabandijas acuáticas, portadoras de enfermedades, y un olor muy difícil de sobrellevar.

Nos cuesta trabajo imaginar las historias que nos narra don Joaco, de cuando el pueblo era famoso por su río y su Viacrucis. Cuando las familias organizaban  días de campo en la orilla, pescando con anzuelo y tarraya, friendo carpas en aceite  con papas sobre discos de arado, con carne asada en las brasas y tacos de frijoles recalentados. Dicen que venía gente de la Ciudad y de más lejos a pescar y a convivir.

La casa de don Joaco es de adobe y se encuentra justo frente al río. A pesar del olor de los contaminantes y desagües, muchísimos fuereños vienen a atenderse con él y a consultarlo. A sus pacientes no parece importarles ni la suciedad del río, ni los objetos de desecho, ni animales muertos que ahora transportan sus aguas.

Se abre la pesada puerta de tablones de su entrada, aparece la mano fortísima y bonachona de don Joaco. Emergen sus ojos aceitunados y observadores. Al atravesar el pasillo de su sala, nos va envolviendo el concierto a todo volumen de decenas de periquitos australianos, canarios, palomas habaneras, calandrias, loros, cardenales y gorriones que viven en sus jaulitas, en el corral de don Joaco. Muy pronto comienza a hablar el brujo, es un grandísimo y animado conversador:

“…Hace veinte años me dijo don Lauro que mi mujer me estaba embrujando…Don Lauro me aconsejo: -¡Vete hasta el fondo de tu patio a buscar en tal maceta de tal rosal…! ¡escarbas, y en el fondo vas a encontrar el mal…!- Y ahí estaba justamente aquello…”

Nos dice don Joaco mientras tomamos asiento en su chiquigüite, como llama a un pequeño cuartito en donde realiza sus limpias, lecturas y trabajos energéticos. Don Joaco  tuvo que aprender magia y brujería casi a la fuerza, cuando descubrió que su mujer le estaba haciendo trabajos de magia negra para dañarlo y quedarse con su casa y su dinero. Hasta entonces había llevado la vida común y corriente de un albañil. Tuvo que aprender a defenderse en un plano por completo invisible, al que casi nadie voltea a mirar en estos días.

Un día encontró en un libro de rituales mágicos una rara invocación al Maligno, la realizó a la media noche con las instrucciones que venían en ella y desde entonces su vida cambió. Al poco tiempo conoció a don Lauro, también maestro de Enedina y se fue a vivir a San Cristóbal de las Casas más de tres años para estudiar con él.

“¡…No…!  Una vez don Lauro nos pidió a un grupo de alumnos suyos que nos acostáramos en el suelo, entonces se sentó de repente arriba de mi barriga. Y yo, como lo respetaba mucho, no me moví para nada. Apenas podía respirar, pero no era capaz de pedirle que se quitara de encima, aunque me estaba lastimando. Entonces don Lauro nos dijo a todos: -¿Saben por qué éste está así de jodido…? Porque permite que cualquiera haga lo que quiera con él, porque es un dejadote, cualquiera se le puede sentar encima-. Entonces salté como un resorte y boté a don Lauro. Entendí que tenía que darme a respetar y aprender a defenderme yo solo de cualquiera…”

Parte de lo que nos han enseñado don Joaco y Enedina en estos años, es la necesidad de enfrentar nuestros temores, a curarnos y resolver nuestros problemas por nosotros mismos. En un mundo donde impera el dominio, la manipulación y el control externo de las personas a partir del miedo y la sugestión, la necesidad de ser el propio maestro, el automaestro, es una señal de que algunos brujos y sanadores como ellos no andan tan perdidos.

Un automaestro, tras haber adquirido una enseñanza espiritual, sigue por su cuenta su camino, tomando a la vida ahora como su única maestra, enfrentando sus obstáculos y peligros y haciéndose más fuerte cada vez que los sortea.

4.  Un Artesano en Europa

“Estuve viviendo en Chiapas varios años con don Lauro, con él me acerqué por primera vez al Tarot y la verdad me hice muy bueno para interpretarlo, desde entonces es mi principal instrumento de trabajo. También aprendí masajes, la limpieza espiritual con huevo, chile seco y ramas de mezquite, a correr temascales y a usar la Acupuntura Mexicana. Pero a los tres años me echó de su casa, ya no quería que yo dependiera de él. Todo lo que podía aprender con él ya lo había aprendido. Ahora tenía que atender a mis propios pacientes. Yo todavía no me sentía seguro para curar personas, necesitaba una señal…”

Don Joaco abandonó su oficio de albañil, se fue de Chiapas y retomó su gusto adolescente por la música. Se hizo de una guitarra y tras recordar un par de acordes, se unió a un mariachi tradicional, compuesto por huicholes y mestizos. Anduvieron tocando en todas partes. Por cosas del destino, como él dice, los invitaron a presentarse en un festival de música folclórica en Barcelona, en España. Cuando iban a regresar, aprovechando un permiso de la Unión Europea, don Joaco se separo de sus compañeros músicos y viajó hasta Alemania, Holanda y Suiza, viviendo de tocar su guitarra en trenes, plazas públicas, fabricando y vendiendo huaraches y pulseras que los europeos supieron valorar muy bien. Se dio tiempo para leer bastante, cuanto libro caía en sus manos sobre diferentes temas, también conoció a muchas personas en el camino. Visitó la ciudad natal de uno de sus grandes maestros: el médico y mago Teofrasto  Paracelso.

Fue en una plaza de la ciudad de Colonia que se animó a realizar su primera lectura de Tarot en una banca, a una muchacha que según sus palabras, era muy bonita y estaba muy necesitada de ayuda. Don Joaco se comunicaba en un inglés mocho, pero suficiente para darse a entender con los alemanes. Entonces trabajaba con un antiguo Tarot Egipcio, editado por un tal Dr. Moore, que le obsequió don Lauro, el cual es ya muy difícil de conseguir, según nos platica en cada oportunidad.

Ese primer trabajo resultó un éxito. Gracias a él comprendió que debía regresar a México, reconstruir su casa frente al río y atender a la gente de su comunidad, que lo necesitaba más que nunca.

5.  Cuando su Mano se convirtió en Cuchillo

Don Joaco arroja un leño en la hoguera que realizamos en mitad de su patio. Son casi las doce de la noche. A nuestro alrededor impera el total silencio y una calma completa. Apenas se oyen algunos ladridos que se pierden en la lejanía. El río no parece descansar ni siquiera a esta hora, incluso  su cauce se escucha más activo que en la tarde.

Algo al interior del fuego estalla en el momento en que don Joaco nos describe sus conversaciones y diálogos con espíritus del Bajo Astral y con el Maligno. Suelta una ronca carcajada y las llamas parecen calmarse, amedrentadas con el poder de su voz de bajo. Sus ojos verdosos y revolcados, nos recuerdan siempre una imagen de Pancho Villa.  Ambos deben parecerse un poco, o uno podría ser la reencarnación del otro. Según nosotros.

Sus manos se vuelven igualmente poderosas que su voz, cada que arroja los maderos a la hoguera, avivándola, también cuando extraen las cartas de sus dos mazos de Tarot: el Egipcio del Dr. Moore y el Ryder White. Con los que trabajamos ahora. Sus manos parecen cortar como dos cuchillos, los poderes de la noche, en el momento en que abren las cartas y las parten para volverlas a unir de nueva cuenta. Es todo un maestro con las cartas.

En esta ocasión, tras hablar largo y tendido sobre los últimos Arcanos Mayores del Tarot, especialmente sobre el arcano XX: El Juicio Final, y sobre El Sol y La Luna, nuestra clase deriva hacia la necesidad de aprender a orar adecuadamente.

Don Joaco nos enseña a rezar el Padre Nuestro con una fuerza del corazón tremenda, de una manera conmovedora, llena de ímpetu y amor. Nos indica que si es rezado con la suficiente convicción y alma, puede convertirse en un sortilegio poderosísimo capaz de alejar todos los temores, espantar los males y ayudar a proveer cualquier tipo de necesidad. Según él, el Padre Nuestro originalmente era una oración dirigida al Dios del Sol: el Dios Padre.

“El Padre Nuestro es la única oración que le dio Dios directamente a los hombres…”
Pronuncia categórico, con una voz que resulta más ronca que en cualquier momento de la noche. Luego pega un profundo trago a su botella de mezcal.

De pronto, nosotros caemos en la cuenta que tanto don Joaco como Enedina, son entre otros, brujos y chamanes, representantes de un antiguo y hermoso orden de valores que reaparecen cada cierto tiempo. Cuando las comunidades necesitan de ellos más que nunca, para ayudar a la gente a plantearse de nueva cuenta aquellas cosas que son importantes: la necesidad de voltear hacia sí mismos y mirar en sus corazones.

Sus centenares de aves se encuentran bien dormidas en las jaulas a esta hora, uno de sus cinco perros comienza a ladrarle a la nada. Un estridente coro de grillos inicia sus chirridos de manera ensordecedora. Don Joaco dice que aquí los grillos, cucarachas y ratas, mutaron y se desarrollaron sobremanera, debido a los contaminantes que segrega el río. Aunque nunca nos encontramos hasta ahora con ninguno de ellos, la verdad es que esos grillos y ratas gigantes nos asustan más que las invocaciones de don Joaco dirigidas a los seres del Inframundo.

Ambos nos ponemos de pié tras largas horas de charla, estudio y de buen mezcal. Guardamos en nuestro morral de lana un mazo nuevo del Tarot Egipcio del Dr. Moore, que el brujo nos obsequió el día de hoy.

Don Joaco nos brinda un abrazo muy cálido. Pronto nos iremos a dormir a su chiquigüite, como él lo llama, donde nos permite pernoctar cada vez que tenemos la oportunidad de venir a estudiar con él. Nos retiramos y sólo se queda la fogata en su patio, encendida y murmurante.